| Le cortaron el agua, pero no la luz
ENRIQUE ATIÉNZAR RIVERO
CAMAGÜEY.— Cuando el 25 de abril de
este año Juan Carlos Quintana supo que en los 20 días siguientes
estaban contadas las horas de la abundancia de agua en la fábrica
de cerveza Tínima, reaccionó con descontento.
No era para menos, pero por suerte,
ese desaliento le duró bien poco al director de la Unidad
Empresarial de base de servicio productivo de la industria cervecera
de Camagüey. Estaba consciente de que la situación de los embalses
del territorio iba de mal en peor y ante tal crisis la fábrica
tendría para su consumo 30 000 metros cúbicos de agua menos de la
red de acueductos de la ciudad, y tampoco dispondría de los 10 000
adicionales que le llegaban a través de una conductora de
aproximadamente 15 kilómetros entre la empresa y tres de los seis
pozos de la provincia con alguna reserva del imprescindible
líquido.
Juan Carlos, director de la Unidad Empresarial de base de servicio productivo de la industria cervecera de Camagüey, explica una de las medidas técnicas que permitieron un uso más eficiente del agua.
Para que nadie tuviese tiempo de
pensar que además de haberles "cortado" el agua se habían quedado
sin "luz" para buscar alternativas ante una inminente paralización
de la industria, Quintana le dijo a su gente: "Algo tenemos que
hacer, porque aquí nada se va a parar".
A la inspiración del joven ingeniero
se sumaron el impulso y el talento del jefe del taller energético,
del encargado de la planta de tratamiento de residuales, del
responsable de mantenimiento, del plomero..., y a los pocos días
las ideas técnicas y organizativas se concretaban, gracias también
a un esfuerzo inversionista de organismos centrales del Estado.
En un ambiente en el que los obreros
desempeñaron un destacado papel, fue instalada una tecnología que
redujo el consumo de agua en varias líneas de producción,
especialmente en la de llenado, y se montaron en tiempo récord
modernas bombas de agua.
Pero esas soluciones técnicas y
costosas no bastaban para resolver el problema. Eran
imprescindibles, además, medidas organizativas para usar con
racionalidad el escaso volumen de agua de que disponían.
Y así fue. Primero ganaron la
batalla que condujo al cierre de la brecha a los "ladrones de agua",
que no eran pocos en la mencionada conductora. Luego lograron
independizar del sistema central de distribución el volumen
dedicado a la limpieza de las pailas de cerveza y de medios de
transporte, y comenzaron a reciclar el agua de enjuague de los
suavizadores y de la salida del reactor decantador, que hasta ese
momento no se utilizaba.
También repararon salideros en
baños y conectaron válvulas reguladoras intermedias en la
instalación hidráulica general de la entidad con el propósito de
facilitar el cumplimiento estricto de los horarios concebidos para
la entrega en las áreas de servicio.
Como el agua que se empleaba en la
lavadora de botellas iba a parar a los vertederos, y no estaban para
tales desperdicios, instalaron un sistema que permite reciclarla.
Algo similar sucedió en el pasteurizador, y ahora se emplea en la
limpieza interna del centro la que antes se botaba.
Así las cosas, el consumo decreció
en un 7%. Para dar una idea más precisa, Juan Carlos Quintana
explica que de 29 litros de agua utilizados para producir un litro
de cerveza ahora se consumen 7,5 y la producción aumentó en un 31%
sin que la calidad de la cerveza disminuyera.
Las medidas de ahorro puestas en
práctica en la Tínima permitieron, además de garantizar con
eficiencia la producción, suministrar agua de forma regulada a
varias viviendas aledañas a la fábrica.
Era, pues, cuestión de ocuparse de
usar óptimamente el agua, y punto. Y también de probar que aunque "cortaron"
el agua en la Tínima, allí sí hay luz para buscar alternativas
aun en las más adversas circunstancias. |