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EE.UU. es un Estado terrorista, según su propia definición
Afirma el intelectual norteamericano Noam Chomsky. Dice que está comprobado que los gobernantes de este país nunca operan sujetos a la ley. El poder de Washington y sus consecuencias mundiales
David
Brooks y Jim Cason
corresponsales del diariomexicano La Jornada
NUEVA YORK.—El Gobierno de Estados
Unidos es, por su propia definición, terrorista y bajo las leyes —nacional
e internacional— el presidente George W. Bush y sus asociados
enfrentan la pena de muerte por sus acciones, pero también es obvio
que esto jamás será tomado en serio, ya que se ha comprobado que
los gobernantes de este país nunca operan sujetos a las leyes,
afirma Noam Chomsky.
Durante una presentación la noche
del martes en un auditorio repleto —decenas de jóvenes debieron
permanecer afuera por falta de cupo— en la Universidad de Nueva
York, Chomsky ofreció una vez más una amplia y profunda crítica
del poder estadunidense y sus consecuencias mundiales. Hablando con
su usual tono mesurado, destruye la versión oficial de la historia.
Hay verdades muy simples, dice, y
están completamente a la vista: no hay nada complicado en reconocer
que "los que están en el poder establecen las reglas". Siempre,
añade, ha sido el caso: "Las normas (del comportamiento
internacional) se establecen por los poderosos y son legitimizadas
por los intelectuales".
Destaca que las normas establecidas
para crímenes de guerra y contra la humanidad en Nuremberg fueron,
desde su origen, definidas como que "un crimen es aquel llevado a
cabo por otro y no yo". Recuerda que prisioneros alemanes fueron
exonerados cuando podían demostrar que los aliados habían cometido
el mismo tipo de crimen de guerra.
Lo diferente ahora —una posición
expresada por el nuevo Procurador General de Estados Unidos— es
que ha llegado la hora de anular las Convenciones de Ginebra por
completo para evitar que los estadounidenses estén sujetos a sus
reglas en esta nueva "guerra contra el terror".
Toma las noticias de ayer (martes)
sobre Fallujah como ejemplo. Chomsky cita la Convención de Ginebra
según la cual los hospitales no pueden ser atacados ni ser
objetivos militares, y señala que los estadounidenses atacaron el
Hospital General de Fallujah, tomaron presos a los médicos y
pacientes, y afirmaron que el hospital representaba "un arma mayor
de propaganda", ya que de ahí salían los informes sobre las bajas
civiles en la guerra.
Esta acción, reportada por The New
York Times y otros medios, fue grabada en fotos de los militares
estadounidenses dentro del hospital. Fue una violación clara y
comprobable de la Convención de Ginebra. Según la Ley de Crímenes
de Guerra de 1996, que forma parte del código federal de Estados
Unidos, este tipo de violación a la Convención por estadounidenses
puede ser castigada con la cárcel y, si hay muertos como resultado,
con la pena de muerte para los responsables.
"El
Presidente y sus asociados deberían enfrentar la pena de muerte
bajo la ley", afirmó Chomsky, y agregó que, a la vez, "es
ridículo entretener con la idea de que los líderes estadounidenses
están sujetos a la ley de la nación". Claro, añadió, nadie lo
considera como propuesta seria, pero precisamente esto revela algo
fundamental: el concepto de la universalidad del derecho
internacional claramente no es aplicable a Estados Unidos, de hecho,
jamás lo ha sido.
Chomsky argumenta que este es un
punto básico y hace el recuento de varios ejemplos, incluido el
rechazo al fallo contra Washington de la Corte Mundial que proclamó
esencialmente que Estados Unidos estaba cometiendo actos de
terrorismo contra Nicaragua en los ochenta, el apoyo clandestino a
fuerzas terroristas en el Sur de África en la misma década, y
otros más.
Para Chomsky, el nombramiento de John
Negroponte como embajador estadounidense en Iraq es más revelador,
ya que este "pro-cónsul" de Honduras fue el encargado de coordinar
las actividades terroristas en Nicaragua. O la reciente visita del
secretario de Defensa Donald Rumsfeld a El Salvador, otro "Estado
cliente" de Estados Unidos, para elogiar allí la democracia y
recordar la defensa del país centroamericano contra la "insurgencia",
sin mencionar que costó 70 000 vidas. O Colombia, donde también se
apoya directamente actividades terroristas del Estado y sus aliados.
"No
es coincidencia que Colombia es, a la vez, el país con el peor
récord de derechos humanos y el mayor receptor de asistencia
estadounidense en el hemisferio", afirma Chomsky. "Eso es un patrón
casi siempre presente en varias regiones del mundo", y menciona a
Turquía como otro ejemplo.
Subraya que, según las definiciones
oficiales de Washington sobre el terrorismo, tanto el que es
patrocinado por estados como los países que lo albergan (recordó a
los terroristas cubanos anticastristas como Orlando Bosch y sus
aliados, y los haitianos que viven en este país), Estados Unidos es
un Estado terrorista.
Así, la definición "no es
utilizable", ya que "la definición de terrorismo es virtualmente la
misma que la política oficial de Estados Unidos... aunque aquí se
le llama antiterrorismo. Claramente, Estados Unidos está
comprometido con el terrorismo. Eso es fácilmente comprobable".
Si uno sigue la lógica de la
definición oficial del terrorismo y la doctrina de Bush del derecho
a un ataque preventivo contra esas fuerzas y los Estados que las
patrocinan, sostuvo, se puede argumentar que "Cuba, Nicaragua y
otros tienen el derecho de bombardear a Estados Unidos".
Chomsky reitera que Estados Unidos —como
todo poder y vencedor en la historia— establece cuál es la
excepción al concepto de la universalidad en torno al derecho
internacional. Peor aún, los medios y gran parte de los
intelectuales y políticos no solo no cuestionan esto, sino que lo
toman como punto de partida.
"Esto
no es nada nuevo", aunque sí hay algunos elementos diferentes hoy
día, señala. Uno es que la capacidad destructiva de las fuerzas
terroristas, sean extremistas fundamentalistas o Washington, es
mayor que nunca (y advierte que es solo cuestión de tiempo antes de
que armas de destrucción masiva y terrorismo se mezclen), y emplear
ejércitos privados o paramilitares en lugares como Iraq y Colombia.
"Esa es buena política neoliberal, privatizar las atrocidades",
dice.
Chomsky finaliza, empapando a su
público con información extensa, sí, pero más que nada,
desmantelando engaños y enormes mentiras para revelar verdades
potencialmente peligrosas, esas que podrían desatar pensamiento y,
quién sabe, hasta rebeldía.
No es por nada que haya sido
presentado esa noche como "el disidente más prominente de Estados
Unidos".
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