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Sorpresa en mitad de
un clásico
AMADO
DEL PINO
Este comentarista padece
hoy cierta confusión genérica. Más que otra sucinta reseña de un
espectáculo en cartelera está tentado a redactar una crónica
sobre la capacidad de sorpresa, la naturaleza siempre renovada y
mágica del hecho teatral. Asistí a Contrantígona —la
puesta en escena con que el grupo Juegaespacio celebra sus quince
años de labor— un jueves en la noche. Los apasionados al ballet
abandonaban las áreas del Teatro Nacional y para la función de la
sala Covarrubias, el público resultaba muy escaso. La poca
promoción y la pérdida del hábito de los espectadores de asistir
al teatro este día de la semana me enfrentaron al mal rato de un
lunetario casi desierto. Además, la protagonista se había
lesionado unas horas antes y la Antígona sería esa noche una muy
joven actriz, debutando en el complejo rol. Sin embargo, de la
adversidad salió una función imperfecta, pero vehemente, que
cosechó el aplauso de unas pocas manos, empeñadas en dejar
constancia de que los allí presentes agradecíamos la entrega, casi
quijotesca, de los intérpretes.
Pepe Santos, autor y
director del título que nos ocupa, posee una larga trayectoria en
la escena nacional. En los sesenta llamó la atención de la
crítica con su obra Los juegos santos y después ha rendido
homenajes a la poesía, a través de obras consagradas a la
Avellaneda y a Sor Juana Inés de la Cruz. En Contrantígona,
Santos parte de Sófocles y de otros trágicos griegos, pero son
originales la reagrupación de los elementos argumentales y el
énfasis en una visión más actual de lo familiar. Vale recordar
que Pepe contó con la asesoría de la teatróloga Bárbara Rivero,
quien ha incursionado con éxito en versiones escénicas. De una
forma precisa, aunque a ratos reiterada, el autor insiste en la
importancia de la paz, en un mundo tan azotado por disímiles
aventuras guerreristas.
El montaje contó con
una hermosa y sugerente escenografía de Israel Rodríguez,
responsable también de la utilería y el vestuario. Hubiese
preferido que el entorno tuviese menos de decorativo, con lo cual
habría ganado en expresividad y fuerza. La banda sonora —a cargo
del propio Santos— funciona con vitalidad y coherencia. Se logra
un juego escénico dinámico, aunque a ratos las composiciones
espaciales y las palabras que se dicen evidencian algo de
contradicción, motivada por cierta debilidad en el trabajo del
coro, que se hizo más evidente en la accidentada noche que me tocó
en suerte.
Daillenys Fuentes es el
nombre de la arriesgada y talentosa muchacha que salió al escenario
para evitar la suspensión, una palabra horrible para la gente de
teatro. Pero logró mucho más. A pesar de muy naturales
imprecisiones en algunos textos, Daillenys evidencia temperamento
dramático, condiciones para llegar a un pulcro decir y sinceridad
en el manejo de las emociones. En el resto del elenco se destaca la
mesura, el equilibrio de Ramón Ramos. Javier Fidel Caballero y Luis
Duarte llevan adelante el clásico enfrentamiento entre los
hermanos. Javier Fidel con más oficio, pero sin valorar
suficientemente algunos matices, Duarte derrochando buena energía,
pero impreciso en la proyección. Por su parte, Rolen Hernández,
fundador de Juegaespacio, sobresale por su armoniosa y bien
utilizada voz.
Contrantígona da
fe de la inquietud, el talento y la persistencia de un director y
dramaturgo. Ojalá y en próximos empeños veamos madurar a esos
jóvenes teatristas que —como sucedió antes a muchos otros en la
escena nacional— dan sus primeros pasos de la mano de Pepe Santos.
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