Carpentier suena

Pedro de la Hoz

Antes del escritor, fue el músico. El niño soñando y viviendo la música en La Habana de los primeros años de la pasada centuria. El joven que irrumpió en la prensa de los veinte como un crítico agudo y audaz. El hombre que comenzó a intuir lo real maravilloso en el magma afrocubano fijado en las partituras de sus coetáneos Roldán y Caturla. No fue de extrañar, entonces, que ayer el Congreso Internacional El Siglo de Alejo Carpentier, que conmemora en Casa de las Américas el centenario de su nacimiento, abordara en su agenda la íntima relación entre su obra y la música.

Foto:PHILIPPE PACHELa consagración de la primavera, en versión de Bejart, muy cercana a la que propone Carpentier en la novela homónima.

Sensibles contribuciones aportaron la musicóloga francesa Marie Pierre y el narrador y filólogo colombiano Pablo Montoya, doctorado en La Sorbona con una tesis sobre la música en Carpentier. La primera reveló los sonidos y silencios, las fugas y contrapuntos, traspolados a la estructura y el contenido narrativo de Los pasos perdidos; el otro estableció, con argumentados relieves, las sucesivas variaciones coreográficas de La consagración de la primavera, de Igor Stravinski, desde su estreno hasta la que propone el escritor en su texto homónimo a través de Vera, la protagonista, la cual guarda estrecha relación con la versión de Maurice Bejart para el Ballet del Siglo XX.

La perspectiva del arte lírico musical provino de la acuciosa mirada del poeta y ensayista camagüeyano Roberto Méndez, quien en una comunicación erudita e ingeniosa donde contrasta el encuentro de Carpentier y Vivaldi en Concierto barroco y resalta la extraordinaria visión que el cubano tenía sobre la ópera y la manera de tratar los mitos y los ritos de la identidad americana.

Desde el ángulo lingüístico, el profesor de la Universidad de La Habana, Rafael Rodríguez Beltrán exploró —cómo suena" El siglo de las luces, mientras quien escribe esta nota fue convocado a hablar de las aproximaciones carpenterianas a las músicas populares cubanas de mayor difusión internacional durante el pasado siglo.

De la música se pasó al cine, a la dificultad de trasladar el lenguaje narrativo de El siglo de las luces y Derecho de asilo al celuloide, empresas acometidas por los cineastas cubanos Humberto Solás y Octavio Cortázar, respectivamente (los asistentes ponderaron el justo enfoque crítico de la profesora y ensayista Astrid Santana) y a la versión libérrima que de Los pasos perdidos (no podía ser de otra manera, los derechos de autor fueron vendidos en los cincuenta a uno de los grandes estudios norteamericanos a fin de que Tyrone Power lo filmara, proyecto frustrado por la muerte del actor) estrenó el argentino Eliseo Subiela en 1981 bajo el título de La conquista del Paraíso.

 

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