Colaboradores de la Salud en Venezuela

La llegada

ANETT RÍOS JÁUREGUI
FOTOS: RICARDO LÓPEZ

Ya están saliendo, anuncia Liana Tur (siete años de edad), de pie tras la cinta de seguridad de uno de los salones de arribo del aeropuerto internacional José Martí. La línea arqueada que separa a los familiares de la puerta de salida de los viajeros está completamente cerrada por adultos y niños. Mi papá es el séptimo en salir, augura Liana con seguridad.

Su papá, Reynaldo Tur, es uno de los 121 colaboradores capitalinos de la Salud en la República Bolivariana de Venezuela que regresaron en la madrugada del lunes, después de varios meses de misión. Liana confía en que será el séptimo y observa sin pestañear cada movimiento de la puerta de salida. Hace un año que no se ven.

El primer vuelo de capitalinos llegó con un considerable retraso, pero ni los familiares, ni las autoridades, ni los periodistas que asistieron a la bienvenida abandonaron el aeropuerto. A las 4:20 de la madrugada los recibieron Pedro Sáez Montejo, primer secretario del Partido en la capital, acompañado por José Ramón Balaguer, ministro de Salud Pública, ambos miembros del Buró Político y Juan Contino, presidente del Gobierno en la capital.

Los esperamos desde hace horas, hemos compartido aquí con sus familias, dándoles aliento, y nos sentimos profundamente estimulados y orgullosos con la presencia de todos ustedes, por lo que están haciendo en nombre de la Patria, de la Revolución y de nuestro invicto Comandante en Jefe, señaló Sáez. Esta misión se compara con las más importantes de las que han cumplido nuestros compatriotas, concluyó.

Quiero visitar a mis colegas del
policlínico, dice la doctora Isabel Oña. 

La doctora Isabel Oña Vergara, de La Habana Vieja, escuchaba las palabras de recibimiento con atención. Su llegada de vacaciones por 31 días a Cuba, después de 16 meses en la región de Petare Norte, interrumpe lo que califica como su misión más dura, verdaderamente "titánica".

Con otras tres experiencias internacionalistas, Isabel confiesa que trae de Petare logros profesionales importantes: se constituyó un círculo de abuelos, otro para adolescentes, practicó sus conocimientos de acupuntura, se mantuvo la mortalidad infantil en cero y lograron supervisar a todas las embarazadas de la zona.

Según indica, el mayor aprendizaje de este tiempo ha sido adaptarse a convivir con una sociedad de vasta pobreza y violencia. El regreso significa la alegría de reencontrarse con sus dos hijos y su nieto de tres años de edad, y la natural inquietud por la marcha de lo adelantado con el trabajo en Petare.

La gran puerta de los arribos se abre de par en par y sale el primer colaborador capitalino al salón donde esperan familiares, amigos, periodistas. Finalmente llega el momento con el que las decenas de personas allí reunidas sueñan desde hace mucho tiempo. Un rotundo aplauso recibe a este primer médico habanero. No importa si es un desconocido, cada vez que un colaborador atraviesa aquella puerta todos aplauden.

La doctora Indira Sánchez está
 feliz por la labor cumplida.

La familia de Indira Sánchez tiene un puesto privilegiado entre la multitud. Tengo unos deseos tremendos de ver a mi abuela, comentaba ella al llegar. No sabe que su abuela está asomada tras la cinta de seguridad, sin aparentar cansancio, expectante. Indira se marchó de Cuba solo un mes después de casarse y ha permanecido en Venezuela, en la región de Petare Noreste, durante 14 meses. Graduada de Medicina General Integral y con matrícula en la especialidad de Epidemiología, trabajó durante un tiempo en San Blas, para ella uno de los cerros más "difíciles".

Los primeros días fueron extraordinariamente duros, comenta. "Comenzamos un censo de la situación de salud en la región y muchas puertas se cerraron. Existían manifestaciones fuertes, contrarias al proceso bolivariano en aquella zona. Con el tiempo las personas se fueron incorporando a las consultas y nuestro trabajo comenzó a ser provechoso".

En este mes de vacaciones se ha previsto que los colaboradores tengan un encuentro de reconocimiento en sus CDR, lugares de trabajo y en las escuelas de sus hijos, aunque lo esencial, según confirmó Pedro Sáez, es que estén la mayor parte del tiempo con sus familiares.

Tengo muchas ansias de mi familia —confiesa Indira Sánchez— la emoción de estar aquí es enorme, porque este momento lo he esperado mucho; las cartas, las llamadas, los correos nunca son suficientes.

En los próximos días ocurrirán seis arribos más de colaboradores cubanos a la capital. Todos permanecerán en la Patria durante 31 días para luego regresar a su misión médica en las distintas regiones venezolanas. Este noviembre, el aeropuerto José Martí, como otros del país, será un escenario privilegiado de amor.

 

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