|
Alejo Carpentier
Soldado de la guerra de
su tiempo
Pedro
de la Hoz
La
huella múltiple y profunda del notable intelectual cubano está
siendo develada desde diversas ópticas. Casa de las Américas, que
también fue su casa, reúne desde ayer a casi un centenar de
intelectuales llegados de veinte países en el Congreso Internacional
El Siglo de Alejo Carpentier. Exponen el más amplio registro de la
obra de un hombre, que como recordó Roberto Fernández Retamar en la
lección inaugural, fue una "criatura nada neutral, que una y otra vez
abrazó causas justas: sufrió en su juventud prisión política por
combatir a un régimen tiránico en Cuba; defendió a la agredida
República Española; combatió en sus artículos al nazismo; se
identificó plenamente con la Revolución cubana, que lo movió a
regresar a su Patria y ponerse a disposición suya; fue testigo
directo y denunciante de la guerra monstruosa que los Estados Unidos
le infligieron a Viet Nam; murió en su puesto, como un soldado de la
guerra de su tiempo".
Junto
a Retamar, concurrieron al acto de apertura los miembros del Buró
Político del Partido, Ricardo Alarcón de Quesada, presidente de la
Asamblea Nacional del Poder Popular, y Abel Prieto, ministro de
Cultura; Iroel Sánchez, presidente del Instituto Cubano del Libro, y
Carlos Martí, presidente de la UNEAC. En primera fila, el compositor
Harold Gramatges, Graziella Pogolotti y Alfredo Guevara, quienes
gozaron de la amistad de Carpentier.
El alcance del legado
carpenteriano fue fijado por el poeta y Presidente de Casa en su
discurso. Si bien, como hizo notar, "fue su ficción la que le dio la
primacía que ostenta su obra", subrayó cómo "no puede verse
desvinculada del músico que llevaba dentro, según palabras suyas,
quien nos dio en 1946 la primera historia orgánica de la música en
Cuba; del comentarista de literatura, artes plásticas, cine, ballet;
del renovador de la radio, que en un momento creyó que de ella
saldría un arte nuevo, como había sido el caso del cine; del
promotor cultural que organizó en el Lyceum de La Habana, en 1942, la
primera exposición personal de Picasso en la América Latina; del
editor erudito y audaz".
En la primera jornada de
este Congreso que se extenderá hasta el próximo viernes, destacó la
presencia de Carmen Vásquez, profesora de la Universidad de Picardie
Jules Verne, en la ciudad francesa de Amiens y colaboradora del
escritor cubano en los setenta. Nadie mejor que ella para ilustrar el
proceso de creación de las últimas novelas de Carpentier, en
especial El arpa y la sombra. También contó el aporte
del narrador y ensayista cubano Leonardo Padura, quien dedicó su
mirada a El acoso, ese breve e intenso relato estructurado en
forma de sonata como el primer movimiento de la Tercera sinfonía,
de Beethoven.
|