El misterio Galíndez
ROLANDO PÉREZ
BETANCOURT
Ni
cadáver ni caso resuelto. El misterio, que no lo es tanto, data de
1956, cuando tras publicar una tesis sobre las dictaduras
latinoamericanas —con Trujillo como principal material de reflexión—,
el profesor vasco Jesús Galíndez fue secuestrado en Nueva York y
nunca más se supo de él.
Se sabe que Trujillo, con
una mano larga, lo mismo para comprar complicidades que para asesinar,
le envió emisarios al profesor con el afán de convencerlo de que la
publicación de tal estudio no le haría ningún bien a ninguno de los
dos. Galíndez, que luego de la Guerra Civil Española se había
exiliado en Santo Domingo —donde ocupó cargos oficiales en el
Gobierno—, no se dejó amedrentar y bajo el título de La era de
Trujillo publicó un libro que, al revelar trapisondas muy
concretas del sangriento dictador, se convertiría en un escándalo
continental.
Conjeturas e índices
acusatorios se levantarían desde entonces en torno al controvertido
Galíndez, una buena parte, apuntando hacia las estrechas relaciones
sostenidas en aquellos días entre Trujillo y sus amamantadores, el
Gobierno norteamericano. La lección era harto conocida porque
también sucedía con la Cuba sometida por la férula batistiana y con
otras dictaduras apoyadas por los Estados Unidos en América Latina.
Una ecuación que se resolvería en los siguientes términos: "democracia"
y tiranía hermanadas en un mismo interés de sometimiento.
El español Manuel
Vázquez Montalbán —fallecido hace ahora un año— escribió un
excelente libro con el tema (Galíndez) y en el 2002, Gerardo
Herrero lo llevó a la pantalla con el título de El misterio
Galíndez, una película realizada con la participación de
España, Portugal, Francia, Inglaterra, Italia y Cuba y que desde este
jueves se estrena en los cines Yara, Payret, Acapulco y Alameda.
Si bien la novela de
Montalbán se sustenta en una intriga internacional y se nutre de no
pocos elementos consustanciales a los clásicos del género de
espionaje, las evidencias históricas lo hacen asumir un tono de
contundente denuncia política, también plasmada por Gerardo Herrero.
Eso sí, al añadir en el título fílmico la palabra "misterio", es
previsible que el director esté apostando por un entramado más
espectacular aun y en muchas maneras emparentado con el thriller
policíaco —llamémoslo, sin sentido peyorativo— de gramática
comercial.
No obstante ser un
director con desigual obra y notarse ahora alguna que otra indecisión
a la hora de decidir planos, es obvio que Herrero, mezclando realidad
y ficción y haciendo que ambas se confundan en un bien narrativo, ha
realizado con El misterio Galíndez su mejor película. Saltos
temporales y geográficos y los vericuetos de una intrincada trama no
impiden que el espectador quede enganchado justo hasta la sorpresa
final. La película tiene como intérpretes principales a Saffrom
Berows (Frida, En el nombre del padre) y al
archiconocido Harvey Keitel. También toman parte varios actores
cubanos.
Al definir su filme,
Herrero ha dicho de él que es una reflexión sobre la impunidad del
poder y sobre el protagonismo que pueden llegar a tener los servicios
secretos en la historia. En tal sentido, el argumento funciona no solo
como el reflote de un ultraje cometido hace medio siglo (CIA, FBI,
agentes de Trujillo), sino también como un heraldo de los peligros
que acechan en nuestros tiempos.
En el filme, la sustancia
arranca cuando una joven romántica norteamericana (la Berows) prepara
en la década de los ochenta una tesis sobre "el caso Galíndez" y
Havey Keitel, un agente de los servicios secretos mantenido a lo largo
de los años, será el encargado de impedirle que la averiguación
llegue hasta donde debe llegar. Y por el camino, muertes y atropellos.
|