Moisés enamorado

Andrés D. Abreu

Si Herido de sombras y el Museo Nacional de Bellas Artes fueron en el 2003 motivo y espacio para el retorno a Cuba de la obra de Moisés Finalé y la posibilidad del reencuentro del espectador nacional con uno de los auténticos representantes de lo que fue la década del ochenta para el arte cubano, la colección de obras de este artista que actualmente se exhiben en el Museo del Ron es una constatación mayor de cuanta necesidad tenía el propio Finalé de esa vuelta a sus orígenes.

Foto: NANCY REYESFinalé y Maylis unidos en Doble realidad.

Compartiendo galería con la artista francesa Maylis Bourdet —a quien nos presenta con su transposición del hombre y sus lugares desde sugerentes apropiaciones metafísicas y surrealistas— una buena parte de esta muestra Doble realidad salda deudas con aquellos pródigos y desacralizadores años. Nuevamente encontramos al Finalé que no deja de refomularse técnicamente desde la intersección de elementos y conceptos tomados de la cultura popular (ahora utiliza el cosido a mano en piezas como Doble vida y Dónde tú irás). A su vez, aparece en otras telas con un agudo sentido de cuestionamiento de las realidades contemporáneas, que asume desde una posición asentada en los significados globales de las ideas y los símbolos.

Explícita y evidente se hace la necesidad del entronque radical del artista extrainsular con sus parajes naturales y referentes locales en El bosque de La Habana o amores de los 80, una pieza nostálgica donde se nos confirma que la pintura de Moisés está, como reza en un título, Enamorada de su propio juego con la transvanguardia, sistema internacional de posicionamiento artístico, y con el ánimo irreverente que le propició el arte cubano de aquellos años que le consagraron entre los imprescindibles de su devenir.

 

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