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La casa de El siglo de
las luces
SONIA SÁNCHEZ
Los
aires del centro histórico capitalino se respiran en el escenario
habanero de El siglo de las luces, un inmueble patrimonial del
siglo XIX cubano.
La
antigua casona perteneciente a Juana Gayol y Campos, Condesa de la
Reunión, en Empedrado y Cuba, donde el alargado balcón con
tejadillos, la perfecta simetría de los vanos de la fachada y el
atrayente patio colonial parecen colocarnos en un instante ideal de
aquella centuria, marcó la historia insular —y pasó a los anales
de la literatura— en tiempos de volantas y caleseros, de tertulias
señoriales y sudor esclavo.
Inspirado en ella, Alejo
Carpentier dibujó un fresco del mundo real maravilloso del que
emergen, en su trascendental obra, los personajes de Sofía, Esteban y
Carlos. Renovada llega hasta nuestros días y plena de otra
significación, al resultar testimonio de la vida y obra del notable
escritor.
La Fundación Alejo
Carpentier —nacida centro de promoción cultural en 1982— se crea
como tal el 15 de octubre de 1993 a partir del patrimonio donado por
su viuda, Lilia Esteban de Carpentier y por el Estado cubano, para
promover el legado del autor de El reino de este mundo y la
cultura de la Isla, en especial, la literatura.
Cumple sus propósitos
gracias a la articulación entre el pequeño colectivo de
especialistas y trabajadores y la colaboración del movimiento
intelectual cubano y de personas que en el mundo estudian y admiran la
obra del gran novelista.
Uno de sus más
consistentes programas es el Premio Razón de Ser que lleva cuatro
lustros apoyando a los escritores de la Isla que se dedican
fundamentalmente al ensayo y a la narrativa. "Su sistematicidad es
anual y consiste en estimular a los mejores cinco proyectos de libros
presentados a concurso —comenta el vicepresidente de la Fundación,
periodista y crítico Fernando Rodríguez Sosa. Fue el primero con
estas características instaurado en Cuba al premiarse no el texto
terminado, sino el proyecto. Es una beca, una ayuda económica para
que el creador, en un periodo de tiempo, pueda concluir su objeto de
estudio".
En un entorno municipal
marcado por el profundo trabajo comunitario de la Oficina del
Historiador de la Ciudad, la Fundación Alejo Carpentier no descuida
el trabajo junto a los niños de la barriada, el que viene
desarrollándose desde 1998. Al espacio de carácter mensual Hoy
vamos a leer la narradora oral y escénica Mayra Navarro llega con
un libro a cuestas de autor cubano o extranjero decidida a recrearlo:
lee fragmentos, hace narraciones y juegos de participación. Los
alumnos de tercero a sexto grados de la escuela primaria Agustín
Gómez Lubián llevan luego para la biblioteca escolar el regalo de la
artista.
El museo permanente
acapara la atención de quien llegue hasta el recinto: ediciones de
obras de Carpentier y objetos personales, entre los que llama
poderosamente la atención la mesa de trabajo que utilizaba cuando le
sorprendió la muerte en París siendo ministro consejero de la
Embajada de Cuba en Francia; el diploma del Premio Cervantes —la
más alta distinción de las letras hispanas— que se le otorgara en
1977 y las fotocopias de las cartas cruzadas entre Fidel y él al
donar el importe del reconocimiento a Cuba.
El trabajo se expande
también a los servicios prestados por la Sala de Información, dotada
de bibliografía carpenteriana activa y pasiva capaz de dar respuesta
a los intereses de cualquier usuario de nuestro país o del exterior.
De suma importancia son los cursos de posgrado de carácter artístico
y literario, cursos sobre Historia de la Filosofía, la música
popular cubana, conferencias, presentaciones de libros y recitales de
poemas.
La Biblioteca de Autores
Contemporáneos dispone de más de 2 000 títulos destinados a
actualizar a periodistas, críticos y escritores sobre la producción
de nuestro tiempo.
En este año de
celebraciones por el centenario del natalicio del descollante
intelectual vale la reflexión de Rodríguez Sosa: "Es fundamental que
exista la Fundación para velar por la huella de Carpentier por ser en
Cuba y otras latitudes uno de los pilares en la literatura de habla
hispana del siglo XX. Más de dos décadas después de su muerte su
obra es editada, leída y estudiada en todo el mundo".
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Entre
tabaqueros, real y maravilloso
Fue el de ayer, en
las manufacturas tabacaleras cubanas, un día igual y
diferente. Igual porque todos los días, desde tiempos
remotos, las mujeres y hombres que con sus manos fabrican los
célebres puros de la Isla, abren sus oídos tanto a las
noticias del mundo como a las ficciones de la imaginación sin
moverse de sus puestos de trabajo, sin dejar su accionar sobre
las aromáticas hojas curadas. Cerca de ellos, el lector de
tabaquería, oficio único, pone su voz a los libros y
periódicos. La diferencia estuvo en que por el Día de la
Cultura Cubana, a iniciativa del Instituto Cubano del Libro,
se leyó a Alejo Carpentier, un viejo conocido de los
tabaqueros al que siempre se le descubre una arista mayor. En
la tabaquería Tabaco Torcido, del municipio de Playa, por
ejemplo, Pablo Armando Fernández, Premio Nacional de
Literatura, junto a los narradores Alberto Guerra y Raúl
Aguiar, leyeron fragmentos de Viaje a la semilla y
respondieron a las inquietudes de los obreros. ¿Quiérese una
dimensión más real de la maravilla de la obra cultural de la
Revolución? |
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