KABUL, 18 de octubre (PL).
— Al menos cinco personas murieron, entre ellas un empleado
electoral, al estallar hoy una mina al paso de un vehículo por la
provincia de Paktika, en el sureste de Afganistán.
El portavoz de la ONU, Manoel de
Almeida e Silva, precisó que entre los fallecidos se encuentra
también el chofer del auto y otras tres personas aún sin
identificar.
Con estas nuevas víctimas suman 14
los empleados electorales muertos y 30 los heridos desde que en mayo
pasado comenzó el proceso de inscripción con vistas a los comicios
presidenciales.
Las elecciones, aplazadas dos veces,
se efectuaron el 9 de octubre sin que se reportaran actos de
violencia, pero sí denuncias de fraude e irregularidades.
El candidato a la presidencia
Mohammad Yunus Qanooni reiteró hoy que desconocerá las elecciones
si el resultado de la investigación del equipo especial de la ONU
no es convincente.
Qanooni, principal rival del
presidente Hamid Karzai en la contienda, acusó al gobierno interino
de interferir en el proceso y de "haber robado los votos al
pueblo".
"Pensamos que el engaño y el
complot fueron organizados en tres fases: antes, durante y después
de la elección", dijo Qanooni.
El también ex ministro de Educación
y otros 14 aspirantes a la presidencia entregaron a la comisión
investigadora más de 200 quejas, que incluyen desde presiones para
favorecer a Karzai, utilización de tarjetas de identidad falsas,
hasta falta de papeletas y robos de urnas.
Los candidatos denunciaron también
que la tinta con la que se marcaban los dedos pulgares, y que debía
ser visible durante tres semanas, desaparecía fácilmente, lo cual
permitía a las personas votar varias veces.
Aunque el recuento de votos demorará
varias semanas, fuentes de la comisión electoral indicaron que
Karzai marcha al frente, seguido por Qanooni.
Karzai, proveniente de la
aristocracia pashtún, fue impuesto en el poder por Estados Unidos
después de la invasión y el derrocamiento del movimiento talibán.
El presidente provisional es el
candidato favorito de Washington y el único que —según las
denuncias— tuvo posibilidades de realizar campañas proselitistas
por todo el país, para lo cual se movilizó en helicópteros
norteamericanos.
Las elecciones en Afganistán
coincidieron con el tercer aniversario de la invasión
estadounidense y se llevaron a cabo bajo el control de 20 mil
soldados al mando de Estados Unidos y nueve mil 500 de la llamada
Fuerza Internacional de Apoyo a la Seguridad (ISAF).