Carole Rosenberg, el valor de tender puentes

Una destacada promotora cultural norteamericana que no dejará de fraguar auténticos nexos entre Estados Unidos y Cuba

Pedro de la Hoz

Hace pocos días, en ocasión de recibir merecidamente la Distinción por la Cultura Nacional, otorgada por resolución del ministro Abel Prieto, el escritor Omar González evocaba "el largo e ininterrumpido casamiento con la cultura cubana" de Carole Rosenberg, una destacada promotora norteamericana a quien se deben, entre otras acciones solidarias de gran valor, la organización de cinco ediciones del Havana Film Festival, de Nueva York.

Entonces este redactor de Granma le hizo a Carole dos preguntas: una, por qué esa pasión por Cuba; otra, si ante tantos obstáculos cabría la posibilidad de desmayar sus afanes. Esta mujer, pequeña de estatura pero de enorme corazón, invirtió el orden de las respuestas: "Nada me arredra ni se podrá interponer en lo que modestamente venimos haciendo, porque sé que es justo, sincero, constructivo. Quien sea capaz de sentir la creatividad que despliegan los cubanos, no puede renunciar a ella".

Carole recibió la Distinción en la sede de la Fundación Ludwig de Cuba. A su lado, su compañero de toda la vida, Alex Rosenberg, especialista en arte, algún tiempo atrás receptor de igual condecoración.

En sus palabras de elogio, el Presidente del ICAIC subrayó además cómo a Carole también debemos la agudeza y valentía de haber creado en su país la Asociación de Amigos de la Fundación Ludwig de Cuba, una entidad pensada para tender puentes culturales entre las dos naciones, lo que cobra particular importancia si tomamos en cuenta que surge en los momentos de mayor hostilidad y recrudecimiento del bloqueo del Gobierno de EE.UU. contra nuestra Patria.

 

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