Lázaro Zamora, Premio Alejo Carpentier de Cuento 2004

Los demonios que llevo dentro

SONIA SÁNCHEZ

Los demonios que llevo dentro no pueden escapar de Lázaro Zamora Jo. El destino, el miedo, la locura, la muerte son signos que subrayan su mundo creativo y en especial, Luna Poo y el paraíso, ese sugerente texto que le hizo merecedor del Premio Alejo Carpentier de Cuento 2004.

Foto: ALBERTO BORREGOSu sino debe de haberle marcado a partir de la cuna cuando, desde La Habana, su madre partió a traerlo al mundo en Punta Alegre (Ciego de Ávila, 1959) al abrigo de los abuelos. Pero las obsesiones le llegaron a los 11 años, al emborronar cuartillas en sus primeros cuentos. Ya no lo abandonaron más para conducirlo hasta talleres literarios, sobre todo el de la Casa de la Obrapía, en La Habana Vieja, donde logró algunas menciones y premios en el entorno municipal. Por los años ochenta se lanzó a una indetenible carrera —no exenta de "algunas interrupciones"— que lo llevó a incursionar también por la poesía y la novela.

"La literatura es un oficio duro, da placer pero a veces te obliga a una relación agónica con el papel en blanco —reflexiona mientras dirige la vista hacia su esposa, aquella que mide cada detalle de sus escritos y luego le acerca una tacita de café para seguir adelante—. Por disciplina escribo todos los días siguiendo el ejemplo de Hemingway.

El autor de la novela El breve sepulcro de la noche (2004) dice estar más a gusto en este género. "Me siento cómodo, es el que menos tensión me crea, me da más libertad al tiempo que me permite algunas digresiones. Al escribir cuentos hay momentos en que las ideas me brotan más fácilmente, otros en que me veo obligado a asumirlos aunque no se me ocurra nada, pero los de Luna Poo y el paraíso tuvieron una etapa feliz".

El título en cuestión editado por Letras Cubanas y que se presentará este Sábado del Libro, a las 11:00 a.m. (Palacio del Segundo Cabo), lo integran ocho relatos que abordan situaciones diversas interrelacionadas por medio de personajes y lugares que se repiten, se acercan a la realidad de nuestros días "aunque no intentan develarla", entran en conflicto con las circunstancias en aras de perseguir determinados deseos o sueños.

"No pienso que se aleje del contexto actual de los últimos años, el de mi generación; conservo cierta constante de esa narrativa que se empeña en determinados efectos intertextuales. Sondea lo marginal, sin adentrarse totalmente en ese ámbito; son personajes que por cuestiones ajenas a su voluntad viven en tales circunstancias, pero no se reconocen parte de ella."

Aunque percibe una pequeña diferencia: "Me interesa crear determinadas atmósferas, no tan comunes en la narrativa cubana de estos tiempos, al introducir elementos de misterio y suspenso apropiándome de algunas claves de la tradición literaria de Poe o Cortázar".

Licenciado en Historia, creador del poemario La otra orilla (2001), mención en la segunda edición del Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar mediante Un laberinto, una cuerda y con publicaciones también en México y España, Lázaro Zamora cree que la literatura es un juego en el que intervienen la razón y el subconsciente. "En fin, se parece a uno mismo..."

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Deportes | Cultura |
| Cartas | Comentarios | Ciencia y Tecnología | Lapizcopio| Especiales |

SubirSubir