BOGOTÁ, 15 de octubre (PL).
— Memorias de mis putas tristes, la nueva novela del
escritor colombiano Gabriel García Márquez, circula libremente por
las calles de Bogotá en una edición pirata cuyos ejemplares se
ofrecen a los transeúntes a poco menos de cinco dólares.
Se admite el regateo y el negocio
prospera sin cortapisas de ningún tipo, según emisoras de radio
locales.
Las precauciones tomadas por la
editorial Norma, encargada de la distribución de la novela en los
países miembros del Pacto Andino ( Perú, Ecuador, Venezuela y
Bolivia, además de Colombia), resultaron vanas.
Algún volumen escapó a la
vigilancia de los embarques hacia sus respectivos destinos, y los
piratas aprovecharon para adelantarse a su salida en las librerías,
prevista aquí para fines de mes.
Norma había anunciado que rebajaría
el precio a 29 mil pesos colombianos (11,44 dólares) para hacer el
libro más asequible a la población, pero los piratas se
adelantaron y redujeron esa cifra casi a su tercera parte: 12 mil
pesos (4, 73 dólares al cambio oficial).
García Márquez, uno de los autores
vivos más leídos del mundo, es también uno de los más
pirateados, y parece que no hay antídoto contra ese mal. El anuncio
de la edición de una novela suya, tras 10 años de alejamiento del
género, provocó un sobresalto creciente entre miles de lectores
ansiosos por ser los primeros. Eso es algo que los piratas tienen
siempre presente.
En el mundo de habla hispana, Memorias...
debe salir oficialmente al mercado el próximo 26 de octubre con una
tirada de un millón de ejemplares, editada por Mondadori en alianza
con los sellos que cobijan tradicionalmente la obra de Gabo, ellos
son Suramericana, en el Cono Sur; Norma para el Pacto Andino y Diana
en México.
Apenas se dieron algunas pistas sobre
la trama, pero bastó un simple señuelo para que las expectativas
se desbordaran.
Memorias...
aborda, en síntesis, la historia de un periodista melómano y lleno
de manías, que decide festejar sus 90 años con un regalo de
pasión capaz de inyectarle vida.
Así es como descubre, en un
prostíbulo pueblerino, la espalda de una mujer desnuda que le
precipita el susto del amor. En ese estado de gracia pasa revista a
las féminas que han pasado por su vida, por las que siempre tuvo
que pagar.
Para nadie es un secreto que la
novela rinde homenaje al narrador japonés Yasunari Kawabata, cuyo
relato La casa de las bellas durmientes dejó una huella
profunda en el autor de Cien años de soledad.