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Colón bajo la lluvia
IRAIDA CALZADILLA
RODRÍGUEZ
Seguro que esta es una
lluvia que nos mandaron los yankis para que paráramos, pero la
gente no se va, dijo Felipe Pérez Roque, y los vecinos del Consejo
Popular de Colón, reunidos en la calle Ánimas, desde Industria
hasta Amistad, en Centro Habana, le respondieron a una voz: "¡Firmes,
firmes aquí!".
"Verdad que está lloviendo duro", comentó el Canciller, y la gente del Consejo Popular de Colón le respondió:
"¡Seguimos, esto es de Patria o Muerte!".
Desde temprano amenazó
el agua y la gente se apareció con capas y sombrillas para oír al
Canciller cubano en un diálogo de pueblo cuando faltan pocos días
para el 28 de octubre, fecha en que en la Asamblea General de las
Naciones Unidas se someterá a votación la resolución cubana que
pedirá la condena al genocida bloqueo impuesto por los Estados
Unidos a la Isla por más de cuatro décadas.
Había que estar allí
bajo la impertinencia del aguacero. Incluso, Felipe preguntó si
seguía o paraba, y los de Colón le gritaron que aquello era de
Patria o Muerte. Entonces, el Ministro de Relaciones Exteriores solo
comentó: "¡Deja que se lo diga a Fidel!", y continúo explicando
detalladamente que el bloqueo incluye la negación de exportación
hacia ese mercado, de compras en ese país (solo alimentos desde
hace dos años y pagándolos al contado), los viajes de turistas,
que usemos el dólar en las compras, por lo que constantemente
debemos hacer cambios en otras monedas para adquirir los productos.
Nos impiden, además,
recibir créditos financieros de bancos internacionales, no
autorizan ventas a Cuba de productos con más de un 10% de
componentes norteamericanos; los barcos que arriban a nuestros
puertos después no pueden ir a los de ellos, entre otros desmanes.
¿Cuánto le ha costado
el bloqueo a Cuba en 45 años y cuánto podríamos hacer si
dispusiéramos de tales recursos?: 79 300 millones de dólares. "Eso
es una flota llena de billetes", ejemplificó Felipe, y luego
abundó en que este, el bloqueo más largo de la historia, ha
transitado por diez administraciones y la de Bush ha sido la que
más duramente lo ha impuesto: "Y no sabemos si ganará las
elecciones o si el que viene va a ser distinto, pero nosotros
seguimos adelante, no nos rendimos, no nos van a aplastar". Con ese
monto, añadió, se podrían construir viviendas, eliminar las
cuarterías, arreglar carreteras y calles, llevar el gas a más
hogares, entre otros muchos sueños de la Revolución.
Y dijo, también, que el
bloqueo es la política de Estados Unidos contra Cuba para intentar
ahogar a este pueblo por hambre y desesperación, y lograr así el
derrocamiento del Gobierno. Pero, ratificó también, no van a
conseguir que Cuba vuelva a vivir la discriminación racial y de la
mujer, la privatización de la enseñanza, el no derecho a la
seguridad social, a no tener escuelas y policlínicos gratuitos: "Esos
son los sueños de los batistianos y lo que se está jugando aquí
es un país con iguales derechos para todos, por eso hay que
resistir al bloqueo".
La gente de Colón
estaba atenta al Canciller. Marta Dora Alonso, jubilada, decía: "En
él está la calidad de nuestros dirigentes, que salen del propio
pueblo"; Zoila Elodia Trabas, cuentapropista: "Este intercambio debe
hacerse frecuentemente, porque esto es Revolución"; Alain Alonso,
estudiante de secundaria básica: "Estoy aquí porque tenemos que
saber bien lo que provoca el bloqueo en contra de nuestro desarrollo";
y Roberto Casañas, trabajador: "Se ha reafirmado que la resistencia
es el arma fundamental que tenemos".
Más gente de Colón
quiso hablar. Osvaldo Caballero, trabajador, calificó la
intervención de Felipe como una clase instructiva, interesante; a
Ohilda González, ama de casa, las explicaciones le parecieron
oportunas, "aunque este pueblo está preparado y sabe de todo"; Rosa
Contreras, secretaria del Partido en la Zona 73, expresó: "Cualquier
dirigente cubano se ve en la calle, habla con las personas, les da
la mano y uno puede plantearle su preocupación. Oiga, ¡no hay
bloqueo que pueda con eso!"; y el poeta Tony Cuesta sintetizaba: "Esta
es la expresión de la unidad revolucionaria".
Al término del
diálogo, Felipe comentó a la prensa: "Esta es la respuesta de la
gente, la avidez de conocimiento, la confianza infinita en Fidel, en
la Revolución. Yo creí que el aguacero impediría el diálogo,
pero la gente reclamó seguir y nuestra pena inicial de continuar en
medio de un aguacero se convirtió en orgullo de pertenecer a un
pueblo humilde y valeroso como este". |