Una Casa para todos

ANETT RÍOS JÁUREGUI

COMF no son siglas muy conocidas entre los cubanos. En todos los municipios del país al menos una casa exhibe un cartel con estas siglas; más visible y grande, menos atractivo y antiguo, no importa, existe. En las grandes urbes de la Isla, donde el trabajo de las instituciones comunitarias resulta más anónimo, puede que los habitantes pasen una y otra vez frente a la puerta de las COMF, Casas de Orientación a la Mujer y a la Familia, sin tener la menor idea de qué se trata.

Foto: RAFAEL TORRES ESCOBAREn la COMF del municipio de Plaza, en
 la capital, el curso de peluquería
 se imparte en uno de los pasillos.

Sin embargo, tan solo en el primer semestre de este año, casi medio millón de cubanos visitaron las COMF, una cifra importante si se tiene en cuenta su poder multiplicador, si se piensa en cuántas personas necesitadas de orientación y ayuda especializada pudieron encontrar respuesta a sus necesidades.

No sustituyen a otras instituciones sociales, no son un hospital ni una escuela; estas Casas de Orientación, un proyecto de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), tienen ya más de una década de experiencia y miles de activistas y colaboradores profesionales. Trabajan a partir de diagnósticos para conocer los problemas de la gente en la comunidad, por lo que reciben a mujeres y hombres de cualquier edad con distintos problemas.

Las COMF brindan orientación individual y grupal que puede ser educativa, jurídica, sexual, de salud, de empleo, aspectos relacionados con la cultura, economía y convivencia familiar, entre otros. Imparten cursos de capacitación y adiestramiento, y extienden su labor a las comunidades directamente.

Según Oneida Broche, funcionaria de la esfera de Trabajo Comunitario de la FMC, hay logros fundamentales: la aceptación de las Casas entre la población que las conoce; la capacitación de muchas personas en los diferentes cursos; lograr que los hombres se acerquen sin prejuicios a solicitar ayuda como mismo lo hacen las mujeres; y agrupar en equipos de trabajo a profesionales de distintas especialidades (pedagogos, médicos, juristas, sexólogos, por ejemplo) de manera totalmente voluntaria.

Una de las Casas más importantes del país, por su alcance, historia y resultados, es la del municipio Plaza de la Revolución, en la capital. Su coordinadora, Mirta López, asegura que el espacio se les ha agotado. En una mañana cualquiera hay clases de costura en el portal; clases de peluquería en los pasillos; en el patio trasero una profesora está al frente del programa Educa a tu hijo, rodeada de niños y padres.

A las oficinas constantemente llegan personas para recoger sus diplomas de graduación de distintos cursos (Computación, Cocina, Tejido, Masaje, Técnicas de Venta, entre varios más); o para solicitar una consulta jurídica o de orientación psicológica.

Algunos servicios se han trasladado a locales de la comunidad. Los cursos son muy populares, la demanda para matricular es alta, mientras que a las consultas (también se incluyen de psiquiatría para adultos y niños, sexualidad y adicciones) los interesados vienen generalmente después de escuchar la recomendación de las dirigentes de base de la FMC.

Pero no todas las Casas del país están en locales apropiados, ni pueden realizar cursos de adiestramiento. La divulgación también es insuficiente, aunque de vecino a vecino, en las emisoras locales o a través de los medios de prensa se ha ido hablando sobre el tema.

Las COMF, siglas cargadas de significado para unos, aún ignoradas por otros, han tenido una misión fundamental: propiciar la reflexión y el aprendizaje, brindar nuevas posibilidades a los niños, a los adolescentes, a las amas de casa, a la población de la tercera edad, a los jóvenes desvinculados del estudio o del trabajo. Lo que en sus inicios fue un lugar de apoyo vital para las mujeres y la familia durante la década del noventa del siglo pasado, con los años se ha convertido en un espacio de desarrollo para la gente; literalmente, en una casa con las puertas abiertas para todos.

 

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