La mayor población de grullas que
reporta Cuba se encuentra en el municipio especial de Isla de la
Juventud, ubicado geográficamente a unos 110 kilómetros al sur de
la provincia de La Habana.
Un centenar de individuos conforman
el grupo poblacional de la más grande de las aves cubanas,
distinguida por su color gris cenizo, patas y cuello largos, cola
corta y plumaje rojo en la parte superior de la cabeza.
Subespecie de la grulla canadiense,
este ejemplar se localiza en la reserva ecológica Los Indios, en el
centro occidente de la ínsula, el sitio más al sur del continente
americano donde habita y nidifica.
Considerada símbolo de la fidelidad
por aparearse para toda la vida, la grulla canadensis nessiotes se
caracteriza también por su reproducción lenta, ya que de dos
huevos que pone al año solo logra un pichón y abandona el nido
antes del nacimiento del segundo.
Esa conducta reproductiva, la caza
furtiva y la destrucción de su hábitat sitúan a la grulla cubana
en grave peligro de extinción, aunque en el municipio especial se
encaminan esfuerzos por preservar la especie en su entorno natural,
escenario que la acogió desde la época precolombina.
La Isla de la Juventud ha sido en
varias oportunidades sede de un encuentro internacional sobre la
grulla.
Las acciones para conservarla son
lideradas por la empresa de flora y fauna en este territorio,
gracias a un proyecto que dirige la doctora Xiomara Gálvez Aguilar,
el cual cuenta con financiamiento del Fondo Mundial para la
Naturaleza, fundación dedicada a conservar la vida silvestre en el
planeta.
Este plumífero se alimenta de
lombrices, reptiles, ratones, peces y algunos frutos y puede ser
vista, además, en pequeñas poblaciones, en las provincias de Pinar
del Río, Matanzas, Camagüey y Ciego de Ávila.
(AIN)