|
Cintio Vitier en El Autor y su Obra
Enfrentado a la realidad, ajeno a las soledades
Sonia
Sánchez
No
parece haber vivido alguna vez en diálogo angustioso con la realidad,
aunque se afirma que sí, allá por los tiempos de poeta joven. De
presencia serena, mirada brillante y sonrisa sugerente, vemos a un
Cintio Vitier aparentemente exento de conflictos existenciales a la
altura de sus intensos 83 años.
Ajeno
a todo tipo de soledades —siempre junto a la entrañable Fina— se
vio en el ciclo El Autor y su Obra, en compañía de muchos amigos y
lectores, entre ellos el presidente de la Asamblea Nacional del Poder
Popular, Ricardo Alarcón; y el ministro de Cultura, Abel Prieto,
quienes llegaron para mostrar admiración por una de las figuras más
significativas en las letras latinoamericanas y universales
contemporáneas.
Cintio Vitier, nacido en
Cayo Hueso, Florida, en 1921, y colaborador de Orígenes, una
de las importantes revistas culturales en lengua española del siglo
XX —fundada por Lezama Lima y Rodríguez Feo—, de adolescente ya
desandaba los caminos de la literatura influido especialmente por la
poética de Juan Ramón Jiménez, a quien conoció en La Habana. "Yo
me considero un juanramoniano militante y vitalicio", ha dicho sobre
la huella heredada del notable escritor español.
Desde época tan temprana,
cuando tenía tan solo 15 ó 16 años y publicó los versos Luz ya
sueños, dejó un legado a la cultura cubana que fue recordado en
el ya tradicional espacio del Instituto Cubano del Libro (ICL) por el
investigador y crítico Enrique Sainz, el narrador Francisco López
Sacha y la ensayista e investigadora Ana Cairo, cada uno de ellos a
cargo de profundizar en la poesía, la novela y el ensayo,
respectivamente, géneros manejados magistralmente por Cintio Vitier.
Desde Vísperas,
que vio la luz en 1953, hasta el último de sus poemarios, Epifanías
(presentado en el 2004), sin olvidar Testimonios (1968), La
fecha al pie y Nupcias (1993), su poética apareció con
una poderosa fuerza irruptora en la palabra tras la búsqueda de la
dimensión antológica de la realidad, hasta lograr hacia la década
de los noventa, una escritura más tranquila y diáfana, al final de
tantas angustias y alegrías. Una felicidad que viene a través de los
años después de fuertes vivencias, observó Sainz.
En la novela funde el
espíritu de la ficción a la investigación, y desaparece la
dicotomía entre lo imaginado y lo real, apuntó López Sacha al
referirse a los títulos De Peña Pobre (1980), Los papeles
de Jacinto Finalé (1984) y Rajando la leña está (1986). "La
ética y la cultura son nuestros grandes bienes, no podemos separar de
la imaginación la historia, la lucha fraguada por tantos hombres y
mujeres para darle sentido a la nación".
Hombre lleno de
conocimientos, Cintio es un pensador filosófico como lo fue su padre
Medardo; a ambos habrá que incluirlos el día que se haga una
historia de la filosofía cubana del siglo XX, destacó Ana Cairo,
quien enfatizó en ensayos del homenajeado que muestran un mural de la
cultura nacional "en el que se abrazan Martí y Heredia", y analizan
la espiritualidad del Héroe Nacional de Cuba. La profesora recordó
un texto relativo al periodo especial (Resistencia y libertad) "del
cual es uno de los pensadores culturales".
Jornada exacta para
tributar honores a un intelectual de valía, siempre al lado de su
pueblo y de la Revolución, El Autor y su Obra fue tertulia, pero
también momento de una nueva entrega, el tomo VI de Obras de
Cintio, (Temas martianos número 1), una conversación del
escritor con el Apóstol desde su condición de poeta.
|