Ángel Jiménez

Un salto con alas en el corazón

Coto Wong
enviado especial

ATENAS.— Ángel Jiménez subió sus brazos y comenzó a batir palmas. El público, en espera de ese gesto de relación atletas-multitud que es ya parte del espectáculo deportivo, le imitó.

Bajo el sonido acompasado de millares de manos chocando unas con otras, Ángel proyectó mentalmente su último salto, el que no podía fallar porque con él se jugaba la gloria deportiva.

Uno, dos, tres pasos... la carrera antes de llegar al tanque... medir bien la tablilla... pisarla... impulsarse... volar en busca del oro.

"Este Ángel no es un Ángel cualquiera", dijo un cubano a mi lado, quien no dejaba de tener razón.

A diferencia de los otros ángeles, este de ahora tiene alas en el corazón, porque con el corazón ganó la medalla de oro y pudo vencer a un bielorruso, Igor Fortunov, quien desde su primer salto de 7.09 metros paralizó las ansias ganadoras del resto de los competidores.

Fue como si cayera sobre ellos un cubo de agua helada. Superar esa marca pasó a ser algo así como una línea divisoria más allá del horizonte.

Menos para el Ángel de alas en el corazón. El nuestro, quien recordó al gran campeón Iván Pedroso, su ejemplo de atleta, y dedicó su triunfo al Comandante en Jefe Fidel Castro.

Porque este Ángel nuestro, el débil visual, el de las alas en el corazón, el de Cuba, calzó talla de gigante en el momento preciso, el último, donde esperanzas y sueños, de toda una carrera deportiva, clamaron por salirle del pecho para acompañarlo en el triunfo.

Fueron los 7.15 metros más importantes en la vida de un hombre.

 

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