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Fallece destacado
pianista cubano
Despedida a Raúl
Iglesias
Pedro
de la Hoz
La música cubana quedó
en deuda con Raúl Iglesias, quien ayer recibió sepultura en la
Necrópolis de Colón. Muchos fueron los aportes de este singular y
modesto artista, víctima de una cruel e irreversible enfermedad que
lo condujo a la muerte en la noche del martes en La Habana, ciudad
donde había nacido en 1933.
Era un pianista
sumamente dotado. Había estudiado en Cuba y perfeccionado su
formación en el Este europeo. A finales de los sesenta se perfilaba
como uno de los intérpretes mejor situados en la escena nacional.
Pero con el tiempo, y respetándose a sí mismo, optó, luego de
sufrir un accidente en una de sus extremidades superiores, por el
más riesgoso, oscuro y a la vez brillante de los oficios: ser
pianista acompañante.
Muy pronto elevó esa
especialidad a una categoría artística insuperable entre nosotros
y desbordó con creces su cometido, al devenir repertorista
imprescindible para las voces líricas cubanas.
A él deben, no pocos de
los cantantes de ópera y canciones de concierto de varias
generaciones en nuestro país, la perfección del estilo, el cuidado
del repertorio y la fineza en la expresión.
El mejor pago a la obra
de Raúl será consolidar en nuestro sistema académico las
especialidades que con tanta entrega cultivó y jerarquizarlas
socialmente en las instituciones que promueven la música cubana.
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