Danilo Vinardell

Abstracciones reales

VIRGINIA ALBERDI BENÍTEZ

Al detenerme una y otra vez delante de los cuadros de Danilo Vinardell (1977), un joven pintor santiaguero que se consolida en el entramado artístico nacional por sus magníficas dotes, no pude menos que reflexionar sobre la recepción que tradicionalmente ha tenido el arte abstracto entre nosotros. Entre los espectadores no entrenados todavía es frecuente asociar el abstraccionismo a la ininteligibilidad. O sea, pensar que manchas, planos cromáticos, líneas, nada dicen. Por otro lado, de manera más encubierta, persiste el malentendido acerca de que este tipo de lenguaje es exclusivamente decorativo, evasivo, divorciado de la realidad, lo cual puede verse en algunos creadores que no han asumido la esencia de este arte.

Malecón y Gervasio, de Danilo Vinardell.

La primera de tales percepciones tiene su origen en la inmovilidad de un arraigado hábito visual que considera el componente narrativo como condición sine qua non de la pintura. Es decir, que no se valora la pintura por sí misma, sino por su cualidad literaria, la presencia de un argumento, el desarrollo de una historia. Los que suscriben la segunda posición, en primer lugar los oficiantes de una abstracción fácil y circunstancial, restringen apriorísticamente los límites de la realidad a la representación y la ilustración.

No se trata únicamente de entrenar el ojo, sino el espíritu para disfrutar en el arte abstracto una posibilidad de enriquecimiento, a la vez que hay que saber que desde que el grupo de Los Once, en los años cincuenta, se decidió por la abstracción, en Cuba se ha desarrollado una línea muy particular de este tipo de arte que se aparta, en sus mejores exponentes, de la mera especulación formal para lograr claras señales de correspondencia con las coordenadas histórico-sociales de la cultura nacional.

Heredero de esta tradición, pero instalado en la actualidad con criterios pictóricos muy propios, la obra de Danilo Vinardell Jardines, que ahora puede admirarse en la Galería Pequeño Espacio, del Consejo Nacional de Artes Plásticas donde expone Habana siglo XX, demuestra que la abstracción puede armarse de sólidos argumentos comunicativos y convincentes vínculos con la cotidianeidad.

Las superficies rugosas de Vinardell advierten el paso del tiempo y la decantación del espacio en los muros y paredes de una ciudad lamida por el agua de mar y el pulso de la intemperie. El ejercicio pictórico riguroso y atento se halla impregnado de una poética sutil, contenida, que da cuenta de una memoria material.

Puede suscribirse a plenitud la apreciación del poeta y pintor (también abstracto) Pedro de Oraá cuando nos dice que "en su última estación visionaria el pintor ya no percibe la ciudad desde dentro, sino la contempla desde sus límites, apostado en el centenario malecón al que Lezama —haciéndose eco de la observación juanrramoniana— dice estar ahí para que la divisemos en su magnificencia y con supina ignorancia del mar".

El arte de Danilo Vinardell nos convoca a la agitada y misteriosa profundidad de los palimpsestos: cada capa de adentramiento en la abstracción nos remite a una vivencia concreta, a una cifra ponderable de la realidad.

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Deportes | Cultura |
| Cartas | Comentarios | Ciencia y Tecnología | Lapizcopio| Especiales |

SubirSubir