LA PAZ, 11 de septiembre (PL).—
Un proyecto de nueva ley de hidrocarburos, que afecta los intereses
de las transnacionales petroleras que operan en Bolivia, desató
esta semana iras y amenazas de estas, en contraste con el creciente
apoyo político y social a la propuesta.
El proyecto determina la propiedad
estatal del gas y el petróleo, aumenta los tributos de las
trasnacionales al 50 por ciento sobre la producción y las obliga a
firmar nuevos contratos en reemplazo de los que suscribieron al
amparo de la legislación privatizadora vigente y rechazada por el
referendo del pasado 18 de julio.
Según el Gobierno, la propuesta,
anunciada el lunes último, implica un giro ideológico a un nuevo
modelo que se aleja del neoliberal vigente desde 1985, prevé un rol
protagónico del Estado en la economía y se inscribe en una
tendencia regional latinoamericana.
El texto gubernamental fue precedido
por intensas presiones sociales contra la posición inicial del
ejecutivo, de no tocar los contratos de operaciones de las empresas
extranjeras y esperar que estas acepten voluntariamente las nuevas
reglas.
Dos días después del anuncio
gubernamental, la Cámara de Hidrocarburos emitió una declaración
de rechazo al proyecto en la que, además de reclamar supuestos
derechos adquiridos, exigía otra legislación a su gusto y
conveniencia y amenazaba veladamente con enjuiciar
internacionalmente al Estado boliviano.
El líder del Movimiento al
Socialismo (MAS), Evo Morales, calificó de provocación la nota de
la Cámara de Hidrocarburos y advirtió que si las empresas
persisten en rechazar la nueva ley y en no someterse a la soberanía
del país, el movimiento social puede tomar la drástica decisión
de confiscar los bienes de las petroleras y expulsarlas del país.
Recordó en tal sentido una rebelión
popular que en el año 2000 echó de la ciudad central de Cochabamba
a una empresa extranjera a la que se había entregado el servicio
local de agua potable.
Ese episodio es conocido como
"la guerra del agua" y considerado antecedente de las
grandes protestas que en octubre de 2003 obligaron a renunciar a la
Presidencia al neoliberal Gonzalo Sánchez de Lozada.
El ministro de la Presidencia, José
Galindo, dijo que recortar el proyecto, como pretenden las
transnacionales, refleja no haber entendido lo ocurrido cuando la
vasta protesta ciudadana que demandaba recuperar los hidrocarburos
puso en fuga a Sánchez de Lozada.
Galindo admitió la preocupación
gubernamental por la posibilidad de juicios internacionales abiertos
por las empresas y expresó que el Gobierno está dispuesto a un
diálogo en el que espera persuadirlas de la conveniencia de
avenirse a la nueva situación y hacer nuevos contratos.
El Ministro llamó también a la
unidad nacional para defender las decisiones tomadas por el
referendo de julio y advirtió que, sin esa cohesión, el país no
podrá afrontar la discusión con las transnacionales.
La posición de la Cámara pareció
debilitarse cuando la brasileña Petrobras se distanció al señalar
su ejecutivo Arturo Castaños que la empresa analiza la propuesta y
todavía no ha definido su posición.
El embajador de Brasil en Bolivia,
Antonino Mena Goncalves, calificó a su vez la propuesta
gubernamental como equilibrada, razonable y con visión de futuro.
El presidente de la Comisión de
Desarrollo Económico del Senado, Oscar Zamora, acusó a la Cámara
de defender solo los intereses de las transnacionales, pidió
respetar la soberanía nacional, y demandó una ley que defina de
forma más radical que el Estado perciba el 50 por ciento de las
ganancias del negocio de los hidrocarburos.
Reivindicó el derecho del Parlamento
y el Gobierno de elaborar una legislación ceñida a los intereses
del pueblo boliviano, frente a la explotación de las petroleras de
los recursos naturales del país al amparo de una legislación
anticonstitucional, como calificó a la ley privatizadora vigente,
cuyo cese decidió el referendo de julio.
El jefe del centrista partido Nueva
Fuerza Republicana (NFR), Manfred Reyes Villa, manifestó que las
petroleras deben adecuarse a la nueva legislación, mientras el
senador socialdemócrata Hugo Carvajal señaló que la resistencia
empresarial obedece a la negativa a pagar más tributos.
En tanto, el Presidente Carlos Mesa y
los ministros de la Presidencia e Hidrocarburos descartaron la
posibilidad de negociar cambios en el proyecto gubernamental y
dijeron estar decididos a hacer respetar la voluntad popular
expresada en el referendo de julio.