Pantera, lejos del bosque

ANTONIO PANEQUE BRIZUELA

Foto: JOSÉ M. CORREAQuizás alguien pudo imaginar que aquel jovencito delgaducho que tuvimos aquella vez enfrente haciendo chistes sobre una tarima en Las Tunas llegara tan lejos y divirtiera tanto a la gente como lo hace ahora en la televisión encarnando una de las últimas y más convincentes elucubraciones sobre un personaje humorístico del patio: el Cabo Pantera.

Yo no lo imaginé. Pero, en cambio, aquel día de hace casi una década, al apreciar su histrionismo, me acerqué a Ángel Ramiz, lo felicité y le ofrecí buenos augurios (lo mismo ocurriría tras sus presentaciones en los Festivales Aquelarre donde estuvo desde 1995), porque, además de hacer reír con lo que estaba diciendo, sorprendía aquella manera suya tan desenfadada de burlarse de sus propios defectos, en este mundo en que proliferan los que hacen todo lo contrario.

Se trataba de una suerte de monólogo durante el que el novel cómico disertaba sobre su fealdad mediante un relato que partía desde un nacimiento tras el cual la madre, "en lugar de darme el pecho, me dio la espalda", y la enfermera sustituía la clásica nalgada, por un puñetazo.

Actor de solo 30 años de edad (1974) al cual todavía ahora falta mucho para completar su personalidad artística definitiva, Ramiz quedaría marcado por el estilo de aquella pieza, mezcla hiperbólica de rima y prosa, pese a que, es de suponer que, por entonces él no conociera los conceptos de Bob Hope —salvando las lamentables distancias ideológicas y éticas de este comediante norteamericano— respecto a la efectividad de hacer reír a partir de reírse de sí mismo.

Aquel monólogo, que inicialmente Ramiz quiso nombrar La historia de mi vida y —por consejo de entendidos como Doimeadiós y Suárez del Villar— acabó titulando El feo (estrenado en 1997, fue siendo enriquecido hasta aumentar de 3 a 15 minutos), es el capítulo más relevante de una obra escrita que, pese a no ser aún muy abundante, constituye el sustento estructural, programático, de sus actuaciones.

Actor de vis cómica casi genética que parece brotarle de los poros, ojos y gestos que inducen el bufo, rostro que "vende" el chiste y porte que anuncia la carcajada, Ramiz confiesa deberles mucho a Ulises Toirac y a ¿Jura usted decir la verdad?. "La televisión se la debo a él y a Esteban Averoff, pues llegué a ella por primera vez en el 2000 porque me invitaron al programa ¿Y tú de qué te ríes?"

Una foto de todo el elenco situada sobre un pequeño bar en su casa (Ramiz no consume bebidas alcohólicas), junto a su sonrisa cómplice, matizan su optimista criterio sobre el actual espacio, adonde él llenaría un espacio vacío: "Un actor rechazó el personaje de un policía que tuviera voz en el programa y me escogieron a mí".

Hace casi un año que Ramiz vive en La Habana. En su hogar, distante de los bosques tuneros y, por un tiempo, también fuera de esa no menos compleja floresta que es ahora su hábitat, nos lo encontramos más gordo, modesto, discreto hasta la cautela a la hora de dar una opinión. Reflexivo, nos recuerda sus primeras décimas e inventivas en la secundaria, donde admiraba en el programa Sabadazo, no sin ciertas visiones premonitorias, a estos artistas que ahora tiene al lado.

También rememora sus actuaciones como aficionado en Los Inflamables; su pase a la vida profesional en 1995 con otro grupo de allá, Avispa, y después con Agencia Loca; sus parodias sobre números de Los Van Van y Los Karachis; sus otros quehaceres en la vida como técnico en construcción civil, y sus inconclusos estudios de ingeniería en la Universidad.

Pero su nostalgia sobre aquellos años recibe el consuelo de esta otra gran misión de su exis-tencia: en lugar de edificios, ahora y ya para siempre Ángel Ramiz se ocupará de reconstruirles la risa a los seres humanos.

 

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