Se acabó el KO

Miguel Hernández

No se produjo ningún nocao en el reciente torneo olímpico de boxeo.

Para quienes, a raíz de los escándalos arbitrales de los Juegos de Seúl'88, intentaron sacar el viril deporte del programa con el pretexto de un posible daño a la salud, la estadística les dejará un buen sabor a boca. Tal vez muchos detractores del pugilismo de entonces ni siquiera se han dado cuenta de la cifra o simplemente, ya no les interesa el dato.

Algunos seguidores de la disciplina, marginando olímpicamente la señal científica, dicen que la ausencia del KO es como la falta de jonrones en el béisbol.

Para los que una vez, décadas atrás, incursionábamos en las crónicas del judo y aludíamos al ippon "como el nocao en el boxeo", la comparación hoy pudiera parecer pasada de moda en cuanto al mundo aficionado.

En la Sala Peristeri, de Atenas, se efectuaron 272 pleitos, de ellos 233 tuvieron decisión por puntos, solo tres concluyeron por RSC (Referee Stop Contest, en inglés; árbitro detiene el combate), 26 por RSCO (suspensión del combate por superioridad de 20 puntos); cinco por RSCI (por herida); cinco por WO (Walkover; no presentación), y uno por DSQ (descalificación).

Como en otras ocasiones —porque sigue presentándose como una excepción aquella derrota de Alfredo Duvergel frente a David Reid en Atlanta—, los cubanos que no se proclamaron campeones, perdieron sus peleas por puntos, estrechamente en la mayoría de los casos, seis en total.

Fue opinión generalizada que, con respecto a otras versiones olímpicas y mundialistas, el arbitraje registró una mejoría y amplió su sistema de evaluación, como se reflejó en los puntos que se otorgaban a los golpes a los planos bajos.

"Lo que importa ahora es golpear con más exactitud", comentó un adiestrador latinoamericano, quien dejó de estar preocupado por el grado mayor o menor de la fuerza de la pegada de su pupilo, más cuando en este pugilismo un golpe capaz de provocar un conteo de protección sigue teniendo el mismo valor en puntos que un leve impacto en el abdomen.

Mientras el nocao desapareció, lamentablemente aparecieron con recurrencia los agarres y las estampidas en el último asalto, finales incluidas, "a lo Boonjumnong".

 

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