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Gerente del FMI rechazado fuertemente en Argentina
BUENOS AIRES, 31 de
agosto.— La presencia en Argentina del director gerente del Fondo
Monetario Internacional (FMI), el español Rodrigo Rato, derivó hoy
en una jornada plagada de tensión y disturbios en la que hubo gases
lacrimógenos y enfrentamientos leves de manifestantes con la
policía, según Notimex.
Rato, por supuesto, no
enfrentó directamente a los manifestantes que lo repudiaban
mientras sostenía una entrevista con el ministro de Economía,
Roberto Lavagna, con las constantes presiones del Fondo sobre el
país austral para que retorne a las recetas de libre mercado que
hundieron la nación en el caos económico y social.
Luego de pintar letreros
de rechazo al pago de la deuda externa y de intentar quemar con
llantas encendidas las puertas del Ministerio, los manifestantes
fueron dispersados con gases lacrimógenos.
Las escenas de tensión
se incrementaron porque a la Plaza de Mayo, ubicada frente al
Ministerio de Economía, acudieron a protestar grupos de piqueteros
(desempleados) que exigían la liberación de uno de su principales
líderes, Raúl Castells.
La llegada de Rato al
país fue acompañada por el estallido de bombas caseras en una sede
del banco español BBV ubicada en plena zona comercial de Buenos
Aires y en un local de la cadena de comida rápida McDonalds.
La visita del
funcionario internacional también generó la toma de la recepción
del lujoso hotel en donde se hospedaría (aunque no iba a pasar
allí la noche) por parte del movimiento de piqueteros.
Los analistas recuerdan
que Rato (ex ministro de Economía de José María Aznar) tenía muy
buenas relaciones con el ex presidente Carlos Menem, protagonista
principal del hundimiento argentino.
Después de
entrevistarse con el presidente Néstor Kirchner, Rato declaró,
según Reuters, que el FMI estudiará el pedido de Argentina de
postergar pagos por 1 000 millones de dólares al organismo
internacional.
Hasta ahora, Argentina
no se ha dejado intimidar por la insistencia del FMI de que aumente
los pagos de su deuda externa y de que consiga un acuerdo con los
acreedores privados, a los cuales el Gobierno ofrece pagar el 25% de
lo que debe porque no puede dejar de lado los problemas sociales
nacionales.
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