Muy buenos Juegos

Miguel Hernández y Ricardo López Hevia
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ATENAS.— Los griegos no ocultan su satisfacción. Hasta representantes de las naciones que más críticas formularon en la antesala de los Juegos Olímpicos hacían referencias elogiosas al cabo de estas dos semanas del acontecimiento internacional más importante auspiciado por los helénicos en la era moderna.

Y más caro: las últimas estimaciones perfilan un costo de 10 000 millones de euros (unos 12 400 millones de dólares).

Los temores por la seguridad y las dificultades para terminar las obras empolvaban con incertidumbres el camino. Eran no solo los primeros del milenio y la vuelta a la cuna de los Juegos de la Antigüedad y de su Renacimiento. Se trataba de los primeros Juegos Olímpicos tras los actos terroristas del 11 de septiembre del 2001.

Hoy la prensa internacional está calificándolos como los Juegos Olímpicos más tranquilos de la historia. La vigilancia ha sido extrema pero no tan desagradable. Lo que también ha costado mucho: más de 1 200 millones de euros (cerca de 1 500 millones de dólares). Las instalaciones —algunas tal vez algo alejadas, lo que siempre hace más tensa la labor reporteril— han sido consideradas por muchos como las mejores de la historia olímpica y en el ámbito de la organización el difícil examen fue aprobado con un eficaz sistema de transportación (se calcula que un millón de visitantes se movieron diariamente durante los Juegos) a lo que se unió una nueva infraestructura vial con algo más de 100 km de autopistas, y la ampliación del metro y más tranvías y trenes.

Y más allá de la sombra del dopaje que como dijera a Granma el alemán Thomas Bach, vicepresidente del COI, "ello no hizo otra cosa que remarcar el éxito del movimiento olímpico en su lucha contra el fraude", relevantes resultados deportivos condimentaron también esta salsa con la aparición de nuevas figuras a nivel mundial en la que también Cuba tiene nombres que mencionar y que forman parte de la "generación 2004" o del "recambio".

Quizás se esperaba más calor olímpico en las gradas de los estadios, —y en las calles— con la excepción de los tradicionales deportes más populares como el baloncesto, la natación y el atletismo. Por estos días los griegos suelen irse a las islas a pasar sus vacaciones y parece que muchos no creyeron ni en Olimpiadas. Pero al final la venta de entradas superó las previsiones.

Cuando el silencio reina dentro y fuera de las majestuosas instalaciones —a la vez un desafío futuro para los griegos—, a la hora del elogio al país mediterráneo de solo 10 millones de habitantes, muchos de ellos comenzarán a sacar cuentas con la preocupación como espada de Damocles del peso de los impuestos sobre el ciudadano para pagar la fiesta como ha sucedido con otras ciudades olímpicas.

A la euforia de su victoria en la Eurocopa de fútbol, los griegos hoy suman su gloria olímpica y mientras, toman con calma su gran vaso de café frío, esperando el día después.

 

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