Déborah Nofret por sí misma

VIRGINIA ALBERDI BENÍTEZ

Déborah Nofret ha elegido la autorrepresentación. Esta artista cubana, con carreras paralelas en España y la Isla, ahora presente nuevamente en la Fototeca de Cuba con sus sueños digitales, se ha elegido para sí como figura central de sus imágenes y a la vez ha optado por herramientas discursivas de enormes posibilidades creativas. Uno y otro caminos resultan indivisibles, porque de lo que se trata es de entablar un desafío con la noción que en estos días se tiene de la realidad virtual.

Frente al espejo, obra digital
 de Déborah Nofret.

La aventura plástica que es posible confrontar hasta la primera semana de septiembre no cae en saco roto. El arte digital vive un momento de auge entre nosotros y, lo más importante, no se cultiva, como podría pensarse, para estar al día en la relación entre arte y tecnología de punta, sino como una facilidad instrumental para ampliar el diapasón expresivo. Ello se hace evidente tanto en la obra de adelantados como Frémez y Luis Miguel Valdés como en la de los nuevos valores auspiciados por el Centro Pablo de la Torriente Brau.

Las aproximaciones de Déborah Nofret a estas técnicas se nos revelan entre las más audaces e incitadoras de la reflexión. Su noción de la "virtualidad" está concebida como un muy serio cuestionamiento de discursos donde los usos políticos, sociales y culturales del término se han banalizado prematuramente. Cuando ella comenzó a emplear como herramienta la infografía, parecía participar de la moda. Pero un repaso detenido de aquellas y estas obras nos devuelve una imagen comprometida con un debate axiológico que tiene que ver con el valor del arte como autorreflexión y del mito del artista como punto de partida de su obra.

Ella lo ha conseguido mediante un planteo sumamente raigal en la individualización icónica de su propia imagen. Su cuerpo no pretende más que representar su cuerpo, más allá de las envolturas pixeladas y los grafismos informáticos. Pero al mismo tiempo lo niega, le resta importancia: lo trasciende en otra dimensión perturbadoramente diseñada. Es como si la "virtualidad" implícita en la manipulación digital, se desmitificara.

De manera que podemos entender esta propuesta como una operación que legitima un soporte y al mismo tiempo cuestiona una sintaxis. Ese hálito provocador define a Déborah Nofret en una posición privilegiada dentro del arte digital cubano.

 

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