| Aniversario 30 del restablecimiento de relaciones Panamá-Cuba
Un acto de soberanía
Joaquín Rivery
Hubo tanta decisión,
firmeza, y convicción en el acto, que pocos recordaban una actitud
similar en la historia panameña, plagada de administraciones
obedientes a los mandatos de Washington.
El 20 de agosto de 1974,
hace treinta años, el Gobierno del general Omar Torrijos provocaba
un escándalo entre los sumisos del imperio en América Latina al
anunciar el pleno restablecimiento de los lazos diplomáticos con
Cuba. Había que ser valiente en aquellos años para dar ese paso.
El documento, suscrito
por todo el gabinete panameño, sostenía que Cuba había estado
sometida a un aislamiento contradictorio con los más puros ideales
de solidaridad continental y destacaba que la decisión era una
demostración de independencia y autodeterminación, a la que
seguirían, más tarde o más temprano, otros países de América
Latina.
El restablecimiento
completo de los lazos diplomáticos entre Cuba y Panamá se
cumpliría realmente dos días después del anuncio, el 22 de agosto
de 1974, al viajar a La Habana una delegación presidida por el
ministro de Planificación y Política Económica panameño,
Nicolás Ardito Barletta, quien firmó el restablecimiento formal de
los vínculos con René Anillo Capote, ministro Interino de
Relaciones Exteriores de Cuba.
En la Isla fue una
fiesta de pueblo recibir al poco protocolar y sencillo dirigente
panameño y apoyarlo de forma total en la reclamación de todo el
territorio del Canal y de la zona que lo rodeaba. Había una unión
de dignidad entre ambos países que hacía posible unas relaciones
abiertas, fraternas, y aunque Torrijos desapareció físicamente (en
circunstancias todavía sin aclarar) su nombre quedó para siempre
inscrito en la memoria y en la admiración de todos los cubanos.
El General Omar Torrijos
había demostrado desde antes su indepen-dencia de pensamiento
respecto de Washington.
Aquellas posiciones de
reclamar la renegociación de los tratados sobre el Canal de
Panamá, que otorgaban eternamente la explotación de la vía
acuática entre el Atlántico y el Pacífico a Estados Unidos,
despertaron rápidamente el respaldo de los pueblos de América
Latina y, por supuesto, de los cubanos.
Fuimos testigos del
largo proceso de negociaciones y solidarios con el pueblo istmeño.
La persistencia del Gobierno de Panamá, en nombre de su pueblo,
logró llevar a la Administración del entonces presidente James
Carter a la firma, el 7 de septiembre de 1977, de los tratados
canaleros por los cuales Estados Unidos se retiraría del territorio
panameño al finalizar el siglo XX.
Ese era el espíritu que
prevalecía en el Panamá de Omar Torrijos y la decisión de
restablecer totalmente los vínculos con Cuba, realmente, no podía
sorprender a los que seguían de cerca la actuación del líder
panameño en los asuntos internos y en la política externa. Fue
aquella dignidad la que unió más a nuestros dos pueblos, de
fuertes vínculos en la historia por la independencia nacional de
sus respectivos países.
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