Abela nos divierte

VIRGINIA ALBERDI BENÍTEZ

La virginidad como concepto de pureza, recorre la mística occidental. Pero entre nosotros se nos puede presentar como categoría multiplicada en el humor criollo, que tantas veces ha contribuido a desmitificar ese impoluto expediente.

En la muestra de Pequeño Espacio destaca la obra www.melodijounpajarito.com

Chispa e ingenio en grado sumo, con una mirada atenta a la cosecha del gracejo popular, caracterizan a 11 000 vírgenes, exposición de Eduardo Abela que se exhibe este agosto en la galería Pequeño Espacio del Consejo Nacional de las Artes Plásticas.

Se trata de una energía vigorizante debida a la conjugación de una ceñida trama conceptual, una perspectiva lúdica sabiamente dosificada y una proyección comunicativa que apela tanto a códigos histórico-artísticos consustanciales a la óptica del espectador medianamente informado como a la fabulación popular.

Eduardo Abela Torras, (La Habana, 1963) es un creador pródigo que se ha destacado desde hace ya más de un decenio por una obra inteligente y perspicaz. Humorista, grabador, pintor, este habanero, egresado de San Alejandro en 1991, ha participado en numerosos proyectos colectivos.

Estas obras de carácter instalativo hacen que la pintura con apropiaciones medievales, renacentistas y del ámbito cotidiano, alcance un estadio singular.

Siempre con el humor atizado, Abela satiriza no solo sus contenidos, sino hasta la misma manera de proyectar visualmente sus elaboraciones intelectuales sobre el friso de una inquietante cotidianidad. Mas sus composiciones rebasan la dimensión anecdótica para incitarnos, ora de manera evidente, ora sutil, a una reflexión sustantiva.

Un nombre heredado de una de las más importantes figuras del arte cubano de la segunda década del siglo pasado (su abuelo fue el creador del Bobo), no ha limitado la impronta particular del creador. Por el contrario, los ancestros (su padre también clasifica entre los pintores y dibujantes que han dejado su huella en el devenir artístico insular de la centuria anterior) pudieran sentirse orgullosos de una pujante continuidad que se yergue desde un costado incisivo y original. Este Abela, artista de la tercera generación, se divierte (y nos divierte) con voz propia.

 

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