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El combativo
espíritu de John en los tiempos de Abu Grahib
Los neofascistas
quieren acallar a Springsteen
PEDRO DE LA HOZ
Una
canción puede ser mucho más que una canción, de acuerdo con el
signo de los tiempos. Eso lo supo John Lennon —fue el único autor
de la pieza, aunque en la inscripción inicial haya figurado su
colega Paul McCartney— cuando del taller de asombrosas creaciones
de The Beatles puso a circular en 1969 Give Peace a Chance.
John y Yoko. Montreal, mayo del 69.
Eran los días de la
guerra en Viet Nam. El mundo entero, y los propios norteamericanos,
se cuestionaban qué diablos hacían cientos de miles de soldados en
el Sudeste asiático, por qué los cuerpos de los vietnamitas
ardían bajo las bombas de napalm, qué grado de atrocidad implicaba
el agente naranja rociado impunemente en los cultivos de arroz y los
bosques.
Lennon, junto a su
compañera Yoko Ono, protagonizaron el 31 de mayo de 1969 una
insólita acción publicitaria para llamar la atención sobre su
reclamo pacifista. Encamados en la habitación 1742 del hotel Reine
Elizabeth, de Montreal, convocaron a la prensa.
Treinta y cinco años
después, cuando a nadie pasa inadvertido el horror de Abu Grahib, Give
Peace a Chance renace en el mismo ámbito en que nació. Un
grupo de cantantes canadienses grabó y lanzó esta semana un
minidisco y un video clip con el tema.
Las contribuciones de
las estrellas del pop Nanette Workman, Bruno Pelletier, Boom
Desjardins, Charles Dubé, Carol Egan, David Usher y otros sesenta
artistas se sustentan en la necesidad de mantener vivo el espíritu
de alerta de Lennon para enfrentarlo a los ímpetus belicistas del
Gobierno de Estados Unidos y sus aliados, que hoy se abaten sobre el
pueblo iraquí, pero que mañana, si no se les frena, como han hecho
saber los participantes en el proyecto, pudieran afectar a otras
naciones del mundo.
Al dar a conocer la
producción, Desjardins evocó otra histórica grabación colectiva
del tema, auspiciada por Yoko Ono en los días de la primera Guerra
del Golfo, y en la que intervinieron el hijo de John, Sean Lennon y
Lenny Kravitz, entre otros.
La prensa canadiense
halló oportunidad propicia para recordar cómo desde los tiempos de
Give Peace a Chance varios artistas se manifestaron, desde la
canción, contra los tambores de la guerra que nunca han cesado de
resonar en Washington.
Obras como Blowin' in
the wind, de Bob Dylan; What's going on, de Martin Gaye; War
pigs, de Black Sabbath, y la inconmensurable Imagine, del
propio Lennon, dan cuenta de una vocación ética irreductible.
Las fuerzas más
retrógradas conocen muy bien el valor simbólico de cada acción
artística en favor de la paz y la razón humana. Una prueba de ello
está en la reacción de los neoconservadores de Nueva York contra
la temporada de conciertos frente a la reelección de Bush
encabezada por Bruce Springsteen.
La campaña Boycott the
Boss (el rockero es conocido por este apelativo) comenzó esta
semana mediante el despliegue de menciones publicitarias financiadas
por el llamado Partido Conservador de Nueva York.
Marilyn O'Grady, una
furibunda partidaria de la política bushiana que se postula a un
puesto de senadora por el estado de Nueva York, ha dicho en la
televisión: "Springsteen piensa que porque gana millones con un
número de canto y baile les puede decir cómo deben votar.
Boicoteen al Boss. Si no compran su política, no compren tampoco su
música".
Será muy difícil
acallar al músico y a sus colegas R.E.M., Dixie Chicks, Pearl Jam,
Bonnie Raitt, James Taylor, John Mellencamp y Dave Matthews Band.
Ellos han comprometido su fama en favor de un cambio que estiman
urgente para que Estados Unidos deje de ser una amenaza y siga
ganándose el odio por el ejercicio de la violencia mundial.
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