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Rogelio Blain
Aspiro, luego actúo
ANTONIO PANEQUE
BRIZUELA
Hay
que ahondar bien, casi investigar, frente a este actor con el que
hablamos en el balcón de su casa en Playa, para sacarle de dónde le
viene ese hacendado que, horas más tarde, tendremos también frente a
ese balcón nacional que es la televisión. Desde ambos hogares, ven
pasar la vida los personajes de Rogelio Blain.
Siempre nos ha parecido
demasiado "cómodo" este intérprete en tan legítimo rol de pose
estirada, mando fácil y cabalgadura montaraz, como para que no
hubiera una cierta explicación de origen.
Por eso aprovechamos las
prerrogativas del oficio y, frente a una mirada suya, noble, pero tal
vez un tanto suspicaz, preguntamos y preguntamos sobre su vida,
mientras él quizás espere que hablemos de su nueva versión del
hacendado en Destino prohibido, destino que, por el momento,
decidimos dejarlo así.
Buen anfitrión, Blain
soporta, no obstante, nuestros embates periodísticos, hasta vencer
sus propias dudas y admitir que, en efecto, desde la pequeña finca de
su familia en las campiñas de San Cristóbal, Pinar del Río, fueron
importados fuertes rasgos de sus famosos papeles como hacendado.
Por ser tan curioso,
dejemos para el final el nombre del lugar en donde estaba su casa,
pero a la zona la llamaban El Blen, seguramente una pronunciación
francesa del apellido Blain, familia emigrada a Cuba a mediados del
siglo XVIII a través de José Blain, un naturalista procedente de
Marsella.
Su porte de buen jinete
fue aprendido, más que en hipódromos de etiqueta, en aquellos
potreros de la finca La Arboleda, adonde, aún tiempo después de
mudarse su padre hacia Bauta a finales de los cincuenta, regresaba de
visita y permanecía un día entero a caballo por aquellos montes
circundantes al río Taco-Taco. De su padre también incorporó
ciertas características a sus personajes.
Acertamos respecto al
personaje preferido de sus cuatro décadas en la radiodifusión (a los
tres meses de estar en la televisión comenzó también a hacer
radio): el Lucio de Tierra Brava. Según él, se trata de un
personaje que llena las expectativas de un actor. "Tiene todas las
facetas de un ser humano: No es malo por gusto, pero puede matar,
asesinar, y, sin embargo, puede ser cariñoso, amar a su hija, a su
mujer".
Y hablando de origen, el
artístico le viene a Rogelio Blain del movimiento de aficionados,
primero, siendo tabacalero y, después, en las Fuerzas Armadas
Revolucionarias, a raíz de cumplir con su servicio militar en los
sesenta, pero cuyo último año lo pasó ya en la radio, tras ganar
varios premios, ser captado como actor y entrar a una escuela fundada
en ese medio. Farsa y justicia del señor corregidor (Alejandro
Casona) fue su primera obra.
Artista estimado por la
sociedad en que vive, querido por sus amigos, su calidad y biotipo le
han posibilitado viajar por una amplia gama de personajes, desde su
primer protagónico (Marco Polo), entre los que se cuentan unos
treinta en Aventuras (El prisionero de Zenda, Hermanos, Papaloteros),
seriales (Móvil 8, Sector 40) y otros espacios
televisivos (Los comandos del silencio), unas quince películas
(Lucía, El hombre de Maisinicú, Hacerse el sueco)
y varias telenovelas.
Nos asombró un poco, por
cierto, la aparente frialdad inicial de Blain cuando le hablamos de su
Antonio en el filme de Humberto Solás. Rol para el que fue escogido
cuando era todavía muy joven, él fue un sorprendido más respecto al
reconocimiento que mereció su desempeño en ese segundo cuento del
filme, y durante mucho tiempo después, al parecer, se mantuvo
escéptico de que realmente las cosas hubieran salido tan bien. Ahora
valora su actuación casi con admiración, pero no sin cierta
perplejidad, y cree ver en aquel personaje una réplica de su propia
inmadurez de entonces.
Entre las obras que más
recuerda, sobresale, sin dudas la aventura Enrique de Lagardere,
donde hizo también el personaje de Esopo. Todavía sus familiares
comentan que durante su actuación como el jorobado ni ellos mismos lo
reconocían.
Hombre que el próximo 29
de agosto cumplirá 60 años, aunque Rogelio Blain Blain (hijo de un
matrimonio entre primos) dice haber tenido una vida feliz, pero
todavía no se siente "realizado". Y he aquí que viene a cuento el
nombre del lugar donde nació, pues parece haber sido una premonición
de percepción de su oficio como actor. El lugar se llama Aspiro.
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