Desde Venezuela

Niños mirandinos conquistan su propio espacio

Pastor Batista y Franklin Reyes 
Enviados especiales

ALTOS MIRANDINOS.— El humilde barrio de Las Brisas del Oriente no escapa a la misma sed de educación y de saber que agrietó el conocimiento de millones de personas en todo el país desde tiempos inmemoriales.

Cada vez se incorporan más pequeños 
a este salón totalmente sui géneris.

Eduardo Arias, un antiguo funcionario policial convertido ahora en facilitador docente de la Misión Robinson, lo comprendió mejor cuando uno de los alumnos le dijo: "Creo que si usted no me autoriza a traer a mi niño a estas clases para que también aprenda, no podré seguir viniendo; a él le hace más falta que a mí..."

Eduardo lo miró compasivo, y la complicidad de su sonrisa fue más que suficiente.

Pero cuenta el joven facilitador que luego vino otro niño y se escurrió también sigiloso, con la mirada y los oídos atentos a aquel "increíble maestro" llamado televisor.

En ese instante —relata Eduardo— pensé que la presencia de otro chico allí nada tenía que ver y me hice el desentendido, pero sucedió que aquel me trajo a otro y estos a cuatro más. Yo no tenía corazón para sacarlos de la clase. Ellos solo querían aprender y eso nunca uno puede impedírselo ni criticárselo a un niño. De manera que pronto vinieron 8 y después 17, hasta que...

SÍ HAY SALA PA' TANTA GENTE

Desde una silla recostada a la pared, una anciana de 87 años mira con ojillos pícaros el panorama y sonríe. Se llama María Díaz y además de ser una activa alumna, es la propietaria de la modesta casa donde cada atardecer tienen lugar las clases.

Solo que, ante aquella avalancha de chicos, el reducido espacio de la sala-cocina-comedor, resulta insuficiente.

Más alegre que preocupado, el facilitador decide consultar el curioso caso y, para satisfacción de todos, la solución es multiplicar el aula.

Ahora los adultos vienen en un primer turno, de 4:00 a 6:00 p.m. —me explica— y luego se incorporan alrededor de 20 niños, entre 7:00 y 8:00 de la noche, aunque casi siempre nos extendemos hasta más tarde.

"Algunos han asistido a la escuela y tienen más conocimientos, otros están un poco más atrasados, hay incluso quienes tenían problemas con el aprendizaje..., pero ahora todos avanzan."

Decididamente estos barrios se estaban muriendo de sed de conocimiento y ni siquiera lo sabían. A estas horas muchos de esos adolescentes pudieran estar intoxicándose con el contenido de las televisoras privadas y, sin embargo, prefieren sentarse en un banco de madera, apretujados unos con otros, iluminados por la tenue luz de un bombillo, a cambio de algo tan fantástico como escribir todo lo que se les antoje, o leer al siguiente día el cartel que hay abajo, en la redoma (rotonda), lo que dice el periódico o lo que contiene aquel libro guardado en algún rincón de la casa...

Por eso, a nadie extraña que pocos días después, un chico llamado Edison se sacuda la timidez con que tal vez murieron sus abuelos y comience a declamar: "Sobre el lomo de la sierra / va Bolívar cabalgando / sobre el potro de la brisa / paz y sueños va dejando..."

Paz y sueños va dejando también esta Misión sobre el dolido costillar de este y de miles de barrios más: sueños como los que despiertan y animan a Alfi, un pequeñín que hace apenas unas horas se "infiltró" en la clase y al final se le acercó a Eduardo para decirle: "Maestro, ¿usted cree que mañana pueda inscribir también a mi abuelita?"

 

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