Washington pugna por sanciones inmediatas a Sudán

NACIONES UNIDAS, 10 de julio.— Tal vez pueda sonar exagerado, pero el vislumbre del canciller sudanés de que Estados Unidos intenta convertir a su país en "otro Iraq", deja justificado espacio para reflexionar y mantenerse atento.

En rigor, más bien predominan las diferencias en los procesos y circunstancias de los dos integrantes del Tercer Mundo, pero algo en común los amenaza: la disposición estadounidense de ponerles el pie encima, reporta Prensa Latina.

Para el jefe de la diplomacia sudanesa, Mustafa Taja Ismail, el proyecto de resolución que se negocia en el Consejo de Seguridad de la ONU puede apuntar hacia ese objetivo.

Cierto es que la catástrofe humanitaria en la región occidental de Darfur requería una acción urgente de la comunidad internacional ante las calamidades de más de un millón de desplazados internos.

No menos resulta que esa crisis se enmarca en un conflicto que proviene desde los tiempos coloniales y la formación de un Estado marcado por diferencias étnicas, religiosas y regionales.

Como consecuencia de ese complejo de factores sobrevino una guerra de casi dos décadas entre el Gobierno islámico y el Movimiento Popular de Liberación (MPLS) en el más desfavorecido sur animista y cristiano.

Mientras ambas partes tratan de fraguar una paz general en un accidentado proceso negociador, desde hace un año los enfrentamientos se agudizaron en Darfur.

Al grupo paramilitar progubernamental Janjaweed se le atribuyen los peores ataques contra la población civil y la principal responsabilidad por la dispersión de aterrados lugareños en condiciones de desplazados o refugiados en el vecino Chad.

Por lo tanto, la intervención de las Naciones Unidas ha puesto un particular énfasis en que se desarme y neutralice a Janjaweed y "otros grupos armados" para que fluya asistencia humanitaria de emergencia.

La semana pasada, el secretario general de la ONU, Kofi Annan, visitó Sudán y avaló un acuerdo con su presidente, Omar Hassan Al Bachir, en la dirección apuntada.

Ahora la cuestión radica en la disonancia de mensajes entre la organización mundial y Estados Unidos.

Si por un lado, el máximo ejecutivo de la ONU y las agencias del sistema se manifiestan por darle el tiempo suficiente a las autoridades sudanesas para que adopten las medidas que se espera, Washington pugna por sanciones inmediatas.

El proyecto de resolución de su propia hechura establece un plazo de 30 días, todavía discrepante, para que se ponga fin a las amenazas del temido grupo paramilitar.

También estipula el despliegue de un contingente monitor de la Unión Africana, que su reciente cumbre en Addis Abeba acogió con un criterio constructivo.

Pero los planes de Estados Unidos parecen apuntar hacia una operación intervencionista a juzgar por el tono crecientemente agresivo de que ha hecho gala por estos días en el Consejo de Seguridad.

Desde hace mucho tiempo Sudán fue colocado en la mirilla de ataque de la gran potencia y el momento le puede resultar tentador para retomar la doctrina de la "intervención humanitaria" aplicada sin éxito por Bush padre en Somalia.

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Deportes | Cultura |
| Cartas | Comentarios | Ciencia y Tecnología | Lapizcopio| Especiales |

SubirSubir