Compañía de Guillén y Juan Gualberto

Pedro de la Hoz

Las ya tradicionales jornadas anuales de reflexión en torno a la poesía y el pensamiento de Nicolás Guillén, culminadas el viernes en la sede de la UNEAC bajo el auspicio de la Fundación que lleva su nombre, se entroncaron en esta oportunidad con la memoria viva de una de las figuras tutelares de la política y la cultura cubanas: Juan Gualberto Gómez.

En rápidas y fulgurantes intervenciones, los panelistas que abordaron la convergencia entre las dos figuras, dibujaron las coordenadas coincidentes. El profesor Julio Fernández Bulté evocó la verticalidad del mulato matancero en los días de la Asamblea del Cerro y la Constituyente de 1901, hábil y sustancioso en la exposición de su antimperialismo y el rechazo a la Enmienda Platt; la etnóloga Leyda Oquendo perfiló los puntos de contacto de Juan Gualberto y Guillén en la concepción de una sociedad multirracial; el historiador Raúl Rodríguez La O regaló el testimonio de la carta con la que Juan Gualberto agradeció el envío de un ejemplar de Sóngoro Cosongo; el bibliógrafo Tomás Fernández Robaina ubicó al amigo de Martí en las complejas circunstancias de su tiempo y sus respuestas ante el movimiento de los Independientes de Color; y la colega Marta Rojas dio cuenta de cómo la amistad entre esos dos grandes cubanos fertilizó en determinada medida la poesía social de Guillén, la de mayor altura y significación del siglo XX en la Isla.

Nada fue dicho como imagen del pasado, sino a manera de alerta para afrontar los problemas de nuestros días. Entre las medidas con las que la actual administración norteamericana acaba de arreciar su agresión anticubana se inserta la pretensión de agitar los conflictos raciales, de financiar proyectos especiales para una supuesta potenciación de un sector negro en la sociedad civil que responda a los intereses anexionistas.

Por ello, como nunca antes, la idea de la unidad del pueblo cubano, de la consolidación de sus bases culturales, pasa por la definición de lo que Guillén llamó "color cubano", anticipado por la lucha consecuente de Juan Gualberto, quien tempranamente en 1890 entendió la necesidad de que hubiera "sol y espacio para todos los hijos de esta tierra".

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Deportes | Cultura |
| Cartas | Comentarios | Ciencia y Tecnología | Lapizcopio| Especiales |

SubirSubir