Baja mortalidad infantil y materna en montañas cubanas

BARTOLOMÉ MARTÍ PONS

La serrana provincia oriental de Granma cerró la mitad del 2004 con una mortalidad de 4,9 menores de un año por cada mil nacidos vivos y ninguna defunción materna, las más bajas de todos los tiempos para igual etapa.

Durante el período indicado tuvieron lugar en la región cuatro mil 859 nacimientos, y los municipios montañosos de Bartolomé Masó y Pilón mantienen sus tasas de mortalidad infantil en cero, mientras resultan inferiores a 3,5 las de Manzanillo, Jiguaní y Yara.

Según la dirección de Salud Pública del territorio, las principales causas de muertes de niños menores de 12 meses en la provincia son las malformaciones congénitas incompatibles con la vida.

De no existir riesgos, las embarazadas de Granma, como las de toda Cuba, reciben 12 consultas en la etapa de gestación, se elevan a las necesarias cuando presentan padecimientos o riesgo social, y son objeto de pruebas para el diagnóstico prenatal de anomalías congénitas, afecciones del sistema nervioso central, sicklemia y la hepatitis B.

Tras nacer, se le toman al niño muestras de sangre del cordón umbilical para determinar posible hipotiroidismo congénito y hacer la prueba preventiva de enfermedades metabólicas, además de ser inmunizado contra 13 enfermedades.

A las madres se les confiere por ley una licencia de maternidad durante un año, con su sueldo garantizado.

Cuba alcanzó en el 2003 una tasa de mortalidad infantil de 6,3 por cada mil nacidos vivos, la más baja de América Latina, mientras un país desarrollado como Estado Unidos registró siete, según el Estado Mundial de la Infancia '2004. (AIN)

 

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