Realidades entre lomas

Ayer y hoy de un territorio que avanza con el tiempo

ORTELIO GONZÁLEZ MARTÍNEZ

FLORENCIA, Ciego de Ávila.— Entre lomas y agua, Florencia es un pueblito que nace todos los días. Desde cualquier elevación se ve la elegancia de una comunidad que comenzó a empinarse, con el nombre de Merino, en los primeros años de la década del veinte.

Pero Florencia es mucho más. Allí la historia está viva. Su gente la escribe cada día. Es un lugar acogedor donde se asientan más de 19 000 habitantes, algunos de los cuales bajaron de las lomas después de 1959, en busca de horizontes jamás vistos.

El campestre paisaje de Florencia tiene en el tabaco una presencia notable.

En 1923, los hermanos Bautista y Mauricio Cepero, fueron los primeros comerciantes que llegaron al naciente caserío, tal vez soñando con riquezas, o simplemente, con el objetivo de vender sus productos, hechos en casa, a todos cuantos pasaran por la línea de ferrocarril, una de las primeras vías de comunicación del lugar.

A poco más de ocho décadas, en algo se parece esta Florencia a la de aquellos años, aunque también es diferente.

Sus habitantes sienten el regocijo de que el pueblo haya sido el primero de la antigua provincia de Camagüey en ser liberado de la tiranía, en diciembre de 1958, de haber sido el primer municipio del país en ganar la batalla del sexto grado, y el segundo en vencer la del noveno.

El viejo constructor Ramón Dávila habla del complejo hidráulico Liberación de Florencia, el mayor de la provincia. Ahora lo observa desde una de sus márgenes y lo siente como su obra. Yo estuve al frente del colectivo que lo hizo, dice. Era la brigada Antonio Maceo, que siempre puso bien en alto ese nombre. Puede embalsar hasta 79 millones de metros cúbicos de agua y está compuesto por cinco objetos de obra: dos presas, dos derivadoras y un canal de unión. Todos construidos a golpe de esfuerzo cotidiano, al igual que la pequeña central hidroeléctrica que se encuentra aguas abajo de los embalses.

Desde hace años reportan beneficios a la agricultura. Las áreas beneficiadas con el riego triplican los rendimientos en la producción de viandas y hortalizas. En el espejo de agua también aumenta la captura de peces.

Yarelys Pita Ruiz, primera secretaria de la UJC en el territorio, se refiere a lo mucho que hacen para garantizar la recreación de los jóvenes, a las actividades productivas del próximo 10 de julio, previo al inicio del verano; al motel Las Pojas y a la nueva piscina que entrará en funcionamiento en los próximos días.

Habla del Joven Club de Computación y de la marcha de los Programas de la Revolución hasta en la escuelita rural Serafín Sánchez, en la zona de El Baño, intrincado paraje del Consejo Popular Guadalupe, que mantiene las puertas abiertas a un solo alumno, matrícula que aumentará a tres en el mes de septiembre.

Cualquiera menciona la producción tabacalera, la base de campismo de Boquerón (muy cerca de donde acampó el Comandante Camilo Cienfuegos los días 5 y 6 de octubre de 1958), la Casa de Cultura y de la condición de municipio candidato a Referencia Nacional en la Agricultura Urbana.

Florencia no es el idilio; sus habitantes tienen las mismas carencias y limitaciones de cualquier territorio del país, pero vive hoy sus años más esplendorosos: 35 centros educacionales de las distintas enseñanzas, el territorio cubierto con el médico de la familia —de ellos 28 cumplen misión internacionalista—, cero mortalidad materna desde hace más de una década y un solo deceso en niños menores de un año, y no por falta de atención especializada.

Cuando se piensa en el presente, es imposible olvidar el pasado. Allí, entre lomas, hay una historia triste que contar, a la que los florencianos no están dispuestos a volver: amamantados por el Gobierno de los Estados Unidos, en los primeros años de la década del sesenta, varias bandas contrarrevolucionarias operaron en las alturas que envuelven al poblado y cometieron crímenes.

Todavía hoy, los pobladores recuerdan aquella época de inseguridad por la permanencia de las bandas de Manolito López (El Loco), Mario Bravo, Estervino Gutiérrez, Floro Camacho y Everardo Díaz Brunet.

Pero más recuerdan cómo los últimos bandidos fueron capturados en 1965, de una manera sui géneris: enterrados dentro de los matojos, sin combatir, sin ofrecer resistencia, como es usual en los que no tienen Patria. Una actitud muy diferente a la que encontrará quien llegue hoy a este pueblo en son de guerra.

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Deportes | Cultura |
| Cartas | Comentarios | Ciencia y Tecnología | Lapizcopio| Especiales |

SubirSubir