Casa Taller Antonia Eiriz

De la rabia a la ternura

ANDRÉS D. ABREU

A Antonia Eiriz Vázquez se le recuerda en los ambientes de las galerías, museos y otros espacios del llamado gran arte por su pintura expresionista y sarcástica (ver La anunciación, colección de Arte Cubano del Museo Nacional de Bellas Artes) experimentadora y representativa de la transgresión que heredó de su relación con el vanguardismo cubano y el informalismo que de manera general se universalizó por los años cincuenta y sesenta.

Pero la artista, que según Roberto Fernández Retamar pintaba con rabia, también es recordada hoy con ternura en otros ambientes muy suyos.

Foto: ALBERTO BORREGOEl arte popular invita en la casa de Antonia Eiriz.

Luego de su parcial retiro de los centros académicos y expositivos, Eiriz comenzó una labor mucho más cercana al arte popular y a la gente que la rodeaba en el barrio Juanelo, donde residía en San Miguel del Padrón; y su humilde casa la convirtió en los años setenta en un taller de papier maché que todavía constituye un ejemplo de verdadera labor de promoción cultural e intenso trabajo comunitario.

Tras su muerte en 1995 la casa, aunque cerrada, continuó bajo el celo constante de sus vecinos para quienes este lugar permaneció siendo el hogar de Ñica (como la llamaban) y el Taller de todos. Gracias al empeño de muchos de ellos y a la cooperación de instituciones culturales de los gobiernos municipal y provincial, hace poco el inmueble volvió a abrir sus puertas como centro expositivo, y un Taller habilitado en su interior espera por algunos materiales para muy pronto entrar en funcionamiento.

Ahora serán sus alumnas Mercedes Rodríguez, Deisy Castillo y Silvia Fernández, con la cooperación de otros como Ubaldo Gutiérrez, quienes impartirán a niños, ancianos y personas discapacitadas las técnicas que recibieron de la Eiriz.

Apenas arriben los medios necesarios, el papel volverá a convertirse en títeres, máscaras o ropa para comparsas. Y si a Ñica varias generaciones de habitantes de Juanelo la recuerdan "con mil amores" por demostrar que mientras un bulto de papel se transforma en un objeto artístico, el ser humano que lo elabora también cambia dentro de sí la rabia por la ternura, en el futuro serán muchos más los que hablarán del arte de Antonia Eiriz y de esos matices con que supo pintar la vida.

 

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