Llama Lula a convencer y convencerse de que 
el hambre mata más que las guerras

SAO PAULO, Brasil, 15 de junio (PL).— Hay que convencer, y convencerse, de que el hambre mata más que la guerra y es peor, porque mata niños, incluso fetos en el vientre materno, expresó hoy el presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva.

El mandatario inauguró una mesa redonda de alto nivel sobre Financiación Innovadora para el Desarrollo (DAES, por sus siglas en inglés), que se celebra en el ámbito de la XI Conferencia de la ONU para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD XI), en sesiones aquí hasta el 18.

Al abundar en el tema del hambre, que convirtió en bandera de su campaña electoral y en prioridad uno de su Gobierno desde que asumió el poder hace 16 meses, subrayó que la lucha contra ese flagelo tiene que ser una tarea y una responsabilidad de aquellos que comen todos los días.

Dijo que cuando joven solía proclamar que hay que pasar hambre para aprender, pero ahora cree que quien padece hambre no hace revoluciones, porque no tiene fuerzas y todo su poco accionar está centrado en conseguir qué comer.

El hambre no sólo mata —insistió— sino que retira la esperanza de hacer, retira la ciudadanía, sin la cual no se puede construir una sociedad justa y democrática.

Para darle una envergadura global a esa tarea, reiteró que está convocando a los líderes mundiales para abordar el asunto en una reunión especial el 20 de septiembre en la ONU con vista a constituir un fondo global de lucha contra el hambre.

Dijo que su país no quiere tener el monopolio de las buenas ideas y por eso desea compartirlas para que se debatan y amplíen para así profundizar en ese propósito.

En el plano nacional, indicó que en agosto se dedicará una semana en todo el país, durante la cual el gobierno informará a la sociedad civil sobre lo que está haciendo en ese aspecto para cumplir las metas del Milenio acordadas en la ONU en el 2000 y la contribución que la ciudadanía puede hacer para controlar la ejecución de esos programas.

Informó que en 16 meses de su mandato ya se atienden seis millones y medio de familias en el programa Hambre Cero, lo cual permite prever que hasta el último día de su gobierno se podrá cumplir con el propósito de incluir 10 millones de familia, unos 44 millones de personas, en los cuatro años.

Lula fustigó los billonarios gastos militares y en el comercio de armas en todo el mundo, mientras hasta ahora lo que se dedica a combatir la pobreza es ínfimo en recursos y representa no más de lo que se invierte en la industria de guerra en apenas tres semanas.

Exhortó a los participantes en este foro a construir este frente común para la lucha a favor de miles de millones de personas en el mundo.

Uno de los sueños que todos debemos tener, acotó, es despertar un día y saber que en el mundo no hay nadie muriendo por desnutrición, lo cual es totalmente posible, porque se producen alimentos suficientes para todos, lo que falta es voluntad y decisión política para hacerlo posible.

En otra parte de su intervención, el Presidente brasileño se refirió a los esfuerzos de UNCTAD en 40 años de existencia para producir cambios en las instituciones internacionales con vista a apoyar el crecimiento sostenible de los países pobres.

Pero está claro que el comercio mundial no se convirtió en el motor de desarrollo y el aumento de los flujos financieros no trajo prosperidad para la agricultura y la industria de los menos favorecidos.

Denunció los criterios del Fondo Monetario Internacional para establecer los llamados gastos comunes, según los cuales incluyen igual los referidos a la construcción de una piscina en una residencia privada de algún personaje, que los dedicados a una represa, un canal de riego o una vía férrea.

Sobre la necesidad de luchar por conseguir ese y otros objetivos en la arena internacional, expresó su convicción de que nadie cede nada si no hay lucha.

Es necesario dar la pelea, y una más hace bien a la democracia para impulsar algunas ideas y procesos que de otra forma no pasan.

En la mesa redonda habló también el secretario general de la ONU, Kofi Annan, quien puso énfasis en exhortar a que la ayuda al desarrollo se desvincule de los intereses económicos y financieros de los países donantes.

Afirmó que después de la Reunión de Monterrey hace dos años aún no se ha implementado ninguna de sus decisiones y continúan las medidas restrictivas, los aranceles especiales y otras medidas que debieron cambiarse.

Insistió en que, como entonces, sigue constituyendo un problema la volatilidad de los capitales y que la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) no ofrece un estimado realista a partir de lo que se necesita.

Llamó a los participantes a considerar ideas que no sean factibles sólo desde el punto de vista técnico, sino de su incidencia social.

También exhortó a los estados ricos donantes a dejar a un lado el criterio de donación y considerarlo realmente como lo que es, una ayuda, porque ello significa, en última instancia, una inversión para el futuro de todos.

 

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