La América del Che sigue urgida de sus sueños

Santa Clara y los realizadores del filme Diarios de motocicleta vivieron ayer una jornada memorable

José Antonio Fulgueiras y Pedro de la Hoz

Foto: JUVENAL BALÁNGael García Bernal se detuvo, pensativo, ante el nicho que guarda los restos del Guerrillero. Solo minutos después rompió el silencio: "En estos momentos, como nunca, cobro conciencia de vivir un extraordinario privilegio: rozar tan siquiera un atisbo de la Historia". Una hora más tarde, junto al realizador brasileño Walter Salles y al actor argentino Rodrigo de la Serna, compartieron en la sala Camilo Cienfuegos, de Santa Clara, la marea de devoción y respeto y la estremecedora ovación con que el auditorio acogió la primera proyección pública cubana de Diarios de motocicleta.

Para Gael, que encarna al joven Ernesto Guevara, Rodrigo, en el papel de Alberto Granado, y Salles —cuyo recibimiento en esta ciudad, junto a los demás miembros de la comitiva, estuvo encabezado por Roberto López, primer secretario del PCC en la provincia—, lo más importante de esta presentación fue saber que no defraudaron la sensibilidad de un pueblo que identifica al Che como paradigma de los más altos valores éticos y humanos.

Varios familiares del Che, que ya conocían el filme pero que quisieron estar presentes en una proyección tan especial en Santa Clara, organizada por el ICAIC, mostraron satisfacción por la sintonía entre la realidad histórica y la recreación artística.

Aleida Guevara lo expresó del siguiente modo: "Para nosotros, desde el instante en que Robert Redford, a quien admirábamos como actor y director, se nos acercó a fin de solicitar el derecho de llevar al cine las notas de viaje de papá, era imprescindible que se impusiera el rigor. Al hablar con Walter y saber que los personajes serían interpretados por actores latinoamericanos, sentimos confianza. Al ver la película, felicitamos a sus realizadores por el amor y la ternura que logran transmitir con ella".

Granado, compañero del joven Guevara en ese viaje iniciático que emprendieron en 1952, vivió nuevamente la proyección con el asombro de quien se ve en un espejo: "Soy otro y sin embargo soy el mismo; Rodrigo, al asumir quien yo era, me ha hecho pensar en lo que aquella aventura y los ideales que ya bullían en el espíritu del joven Ernesto significó para nosotros". Rodrigo confesó haber tenido cierto temor, en un principio, por actuar el papel de alguien que siendo histórico vive todavía: "Pero desde que encontré a Granado, y pasaron las palabras, un poco de tangos y algo de vino, me dí cuenta de su dimensión humana; ha sido un encuentro que me cambió para siempre".

A Walter Salles, conocido por el extraordinario éxito de Estación Central, le llevó cinco años madurar el filme. "Es un buen tiempo para una película. Yo no filmo hasta que la historia no me agarra de manera vertical bien adentro. Aunque el tema es el viaje, este hay que verlo no sólo como desplazamiento físico por la geografía latinoamericana, sino como crecimiento espiritual. Me propuse que actores de cada uno de los países recorridos por Guevara y Granado intervinieran en la película. Creo que también ese es otro camino para la integración. El cine latinoamericano tiene posibilidades de coproducir sus propias películas. Lamentablemente es a veces mucho más fácil hacerlo con Europa. Insisto en el tema de la integración, más en estos momentos en que el cine de la región está dando muy buenas señales en Argentina, Uruguay, la generación brasileña que sigue a la mía, México a pesar de las dificultades de las que ha hablado Gael. En el caso cubano, puedo decir que el mejor documental de todas las cinematografías que vi el año pasado fue Suite Habana."

Walter, Gael y Rodrigo han quedado definitivamente marcados por los Diarios... Según Rodrigo, "fue saber que la casa común latinoamericana tiene los contornos más grandes". Walter, cuya sabiduría poética le hace mirar ahora hacia su Brasil, donde hará a la vuelta de un año una película sobre el fútbol como barrera de realización social, confirmó "que los problemas de la América Latina de hace 50 años son mucho más acuciantes ahora". Gael no pudo evitar el estremecimiento de asistir al estreno público cubano el día en que el Che hubiera cumplido 76 años: "Esta fecha no es una coincidencia; es como estar acá un 26 de Julio".

 

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