Si el amor entra por la cocina...

IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ

Medio en broma medio en serio, las mujeres dicen que tienen cogidos por las barbas a sus hombres desde que los sorprenden con dulces olorosos a vainilla y caramelo, y las estancias de las casas se vuelven supercálidas en estos días de verano a fuerza de cocer las masas en los hornos. Se sabe desde tiempos inmemoriales: el amor entra por la cocina... y no hay quien escape al goloso intento de dar un mordisco a una panetela, un "brazo gitano", un cake relleno con piña en almíbar.

Foto: ARNALDO SANTOSLos recursos para desarrollar las clases son aportados por las profesoras y los alumnos.

La clase de Rosa Durant está al tope. A sus alumnas y alumnos no tiene que exigirles asistencia ni participación. Con sumo placer van a aprender el oficio milenario de la repostería, que ella recrea con ánimo siempre dispuesto a una aclaración, a un buen manejo de los utensilios, y la vista alerta para que la crema no pierda consistencia. Lo dice sin reparos: no sabe si le gusta más enseñar a hacer dulces o impartir docencia de Español y Literatura. Ella tiene el enorme privilegio de sentirse a sus anchas en ambas materias.

La Facultad Obrero-Campesina José Manuel Lazo de la Vega, en la localidad habanera de Santiago de las Vegas, lleva ocho años anotándose goles en la comunidad con la oferta de cursos útiles para la vida cotidiana, oficios que muchas veces las personas se preguntan dónde aprenderlos y en pocas ocasiones se halla una respuesta cercana a las posibilidades reales de quienes trabajan o estudian, o de las amas de casa y jubilados.

Repostería, calzado, costura y alta costura, sastrería, flores de nailon, tejido a crochet, a miñardí, al bastidor, a dos agujas, encaje a la aguja, frivolité, trabajo con recortería y naturaleza muerta, peluquería, barbería, masaje corporal y ejercicios yoga son las especialidades impartidas en periodos de tres meses, y que cuentan con solo dos profesoras, Rosa y Aida Pons, esta última, una pequeña mujer que frisa de manera envidiable los 80 años y de la que se quisiera tener al menos un octavo de su vitalidad y sabiduría en las artes manuales.

Luis Orlando Rodríguez, director de la Facultad, consulta la matrícula de los cursos: 525 personas. Y luego afirma: "Este es uno de los mejores centros en el trabajo comunitario a nivel provincial, y nos reconforta saber que respondemos a necesidades de la población con la oferta de una amplia variedad de disciplinas".

Para el venidero septiembre tienen un propósito nuevo: incorporar a un importante número de muchachos del Curso de Superación Integral para Jóvenes: "El objetivo es enseñarlos a realizar labores manuales y prepararlos para un oficio", comenta.

Voy a las aulas de repostería y tejido a crochet, las dos especialidades del viernes. En ellas hay alumnos no solo de Santiago de las Vegas, sino también de varios municipios de La Habana y de la capital, y hasta de Pinar del Río, tal es el interés que despiertan.

Caridad González, Rubí Rosabal, Teresita C. Rodríguez, Ana Carmona y Ambrosio José Sáez hablan maravillas de esta etapa, en la que teoría y práctica han ido de la mano. Dicen que una de las fortalezas del curso es, precisamente, que los dulces no se aprenden en letra muerta, sino en la cercanía de la mezcladora y el calor del horno; con Rosa atisbando cada golpe de cuchara o tenedor.

Un poco de brisa corre en el aula donde Lissett González es la monitora, pues "Aida está en la capital, recibe un importante diploma". Había cursado las opciones de repostería, de vegetales y de casi todos los tipos de tejido, cuando un día descubrió el frivolité y quedó atrapada para siempre en su finura y diversidad. No paró hasta la Biblioteca Nacional, donde encontró buen material de estudio y ahora es la que imparte la especialidad.

Pero no es solo ella la que va de un curso a otro. Eso también quieren Greilys Hernández, Elena Lemus y otras que prefirieron tejer por pena de hablar. María Luisa Acosta, sin embargo, fue definitoria: "Aquí se aprende, pero también encuentras amigas, compartes y hallas un espacio propio. Una entra a esta escuela y no sabe cuándo acaba".

 

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