SAO PAULO, Brasil, 12 de junio.— El
Grupo de los 77 expresó hoy su firme rechazo a la imposición de
leyes extraterritoriales y todo tipo de sanciones unilaterales y
reiteró la necesidad urgente de su inmediata revocación.
En una declaración ministerial
adoptada aquí tras dos días de debates en el ámbito de la XI
Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo
(UNCTAD XI), los 131 estados en desarrollo más China que integran
el G-77, piden la supresión de la utilización continua de medidas
económicas y comerciales coactivas contra los países en
desarrollo, reporta Prensa Latina.
En ese contexto rechazó "las
sanciones económicas y comerciales que están en contradicción con
la Carta de las Naciones Unidas y las normas de la Organización
Mundial del Comercio (OMC)".
El extenso documento aprobado hoy
abarca temas de la agenda del G-77 en sus 40 años de bregar por la
concertación en la esfera económico-comercial entre el Primer y el
Tercer Mundos para propiciar el desarrollo sustentable.
"Rechazamos firmemente —plantea—
la imposición de leyes y reglamentos con consecuencias
extraterritoriales y cualquier otra forma de medida económica
coactiva, incluidas las sanciones unilaterales contra los países en
desarrollo, y reiteramos la necesidad urgente de su revocación
inmediata".
Expresa que tales actos socavan los
principios consagrados en la Carta de la ONU y el Derecho
Internacional y son contradictorias con los principios del sistema
multilateral y las normas de la OMC, además de representar una
grave amenaza a la libertad de comercio, navegación e inversión.
La declaración lanza una
exhortación a la comunidad internacional a que rechace esas medidas
y promueva su eliminación total.
Valora positivamente el punto de
inflexión histórico que significó el nacimiento del G-77 hace
cuatro décadas, en el que los países en desarrollo hallaron una
plataforma común para expresar sus preocupaciones y lograr
consensos con el fin de promover sus intereses económicos.
Destaca la importancia histórica de
la Primera Cumbre Sur-Sur del Grupo, celebrada en La Habana, Cuba,
en abril del 2000, y expresa que el siguiente foro a ese nivel, en
el 2005, será importante ocasión para evaluar la aplicación del
Programa de Acción adoptado entonces.
Al hacer un análisis de la
situación actual, opina que las expectativas de una mayor seguridad
mundial y de un orden internacional económico y social justo y no
discriminatorio no se han hecho realidad.
"El mundo de hoy —subraya el
G-77— está aquejado por problemas económicos y sociales graves,
muchos de ellos de carácter estructural, y las relaciones
económicas internacionales también siguen caracterizándose por
las incertidumbres y los desequilibrios, con la marginación de los
países en desarrollo y en particular de los menos
adelantados".
Al respecto, expresa la preocupación
del Grupo por la tendencia de los países desarrollados a adoptar
decisiones que afectan a la economía mundial fuera del marco
multilateral, del sistema de la ONU y sin tener plenamente en cuenta
los intereses de los estados en desarrollo.
"Subrayamos la importancia de
fortalecer el multilateralismo y el sistema de Naciones Unidas en
vista del creciente unilateralismo y de los intentos de establecer
nuevos regímenes y reglas que limitan el espacio normativo de que
disponen los países en desarrollo y sus opciones en la elaboración
de políticas macroeconómicas", enfatiza.
A renglón seguido asevera que solo
si actúan colectivamente los estados del Tercer Mundo pueden hacer
frente a este reto.
La declaración da una evaluación
negativa del proceso de mundialización y liberalización por sus
efectos en detrimento de los menos favorecidos y considera que son
necesarias estrategias de desarrollo que aseguren un equilibrio
óptimo entre eficiencia y equidad, proceso en el cual el estado
tiene una función decisiva que desempeñar.
Tras reclamar ayuda a los países en
desarrollo para que puedan participar eficazmente en el comercio
internacional y las negociaciones comerciales multilaterales,
muestra preocupación porque hasta ahora ese proceso no respondió a
las expectativas de los subdesarrollados y llama a la otra parte a
dar muestras de la voluntad política necesaria para cumplir los
compromisos contraídos.