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René a teatro lleno
VENTURA DE JESÚS
Aunque
no ocurriera a propósito, el teatro se puso de parte suya a una edad
temprana. "Mi origen en este arte se remonta al juego con mis seis
hermanos. Y como soy el mayor, el tiempo lo tenía ocupado en función
de ellos. Me tiraba en el piso, escribía, hacía cuentos... y jugando
con objetos nos divertíamos todos. Creo que ahí surge mi vocación
por los títeres".
De ese modo entró en
aquel mundo y se "casó" para siempre con el teatro para niños René
Fernández Santana, sobresaliente personalidad de la cultura matancera
y cubana que lleva con fortuna las riendas del grupo de teatro
Papalote, colectivo fundado en 1962 y que ha conseguido situarse a la
vanguardia de este movimiento. Con el itinerario ya despejado, el
dramaturgo en ciernes no tardó en acogerse a la suerte de este grupo
siendo aún muy joven. "Aquí he echado casi toda mi vida profesional,
que ya se extiende a 45 años".
Mientras se iba apoderando
milímetro a milímetro de la confianza de los más pequeños, René
fue forjando con el tiempo sus habilidades como diseñador,
coreógrafo, dramaturgo y director artístico. "Y un poco de todo eso
se lo debo al aliento y a la naturaleza que inspira la ciudad de
Matanzas, con la magia y el misterio de la gente que la habita".
—¿Has
procurado algún intento por salirte del títere?
"Mis
primeras obras fueron concebidas para adultos, pero inclusive en
ellas, hay destellos irreales y de imaginación que delatan un
lenguaje y códigos afines con los niños. El títere ha sido mi
lenguaje, la posibilidad de expresarme abiertamente y desnudar al ser
humano. El títere es un símbolo que se arriesga, es valiente,
cuestiona y se muestra tal como es."
—Sin
ánimos de simplificar, ¿cuál es la propuesta que más le satisface?
"El
romance del papalote que quería llegar a la luna, obra en la que
un personaje muy endeble, artesanal, adquiere la fuerza y una energía
que le permiten triunfar frente a adversarios supuestamente más
fuertes. Es un material que ha trascendido en el ámbito nacional e
internacional."
—¿Cómo
explicas en tu quehacer artístico ese continuo acercamiento a la
cultura popular tradicional de origen africano?
"Lo
africano forma parte del patrimonio cultural de Cuba. Y Matanzas, como
ha dicho alguien, es un pequeño Brasil. Aquí hay un antecedente
cultural africano muy fuerte, especialmente en este barrio donde se
asienta Papalote (La Marina) se respira ese aire. Somos una fusión de
muchas tradiciones, de muchas verdades humanas."
—Sesenta
años no es mucho tiempo, ¿pero albergas a estas alturas algún
reproche o sueño inconcluso?
"Me
siento realizado y agradecido de la vida, lo cual, por cierto, se debe
en buena medida al respaldo de muchos, y en particular a esa gran
familia que es Papalote. Creo, sin embargo, que la obra de mañana
siempre será mejor. No me confío nunca de lo que hice, sino de lo
que estoy haciendo. Anhelo llevar a escena El viejo y el mar,
una hermosa historia de la vida, los deseos, la ambición, los
fracasos. De igual modo, quiero materializar Sueño de una noche de
verano, que es la magia del amor."
—¿Algún
regalo especial en el año en que has arribado al aniversario 60 de tu
natalicio?
"Tuve
el afecto cálido y el reconocimiento de muchos amigos y compañeros
de trabajo, pero nada me hizo tan feliz como la respuesta del público
en todas las salas donde hubo presentación. Pasé un cumpleaños a
teatro lleno."
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