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Señales de Río
alientan en La Habana
Emoción y lágrimas
en Campo Polar
Miguel
Hernández
Después que su último
partido de preparación en el estadio Pedro Marrero cayera como una "granada"
en la afición, por la ventaja de dos que perdió frente a los de
Saint George's, la selección cubana de fútbol está enviando
reconfortantes señales en su gira por Río de Janeiro, a solo dos
semanas de su crucial juego premundialista contra Costa Rica.
El primer partido será
el 12 de junio, a las 4:30 p.m., en La Habana, para el cual los "ticos"
no podrán contar con cuatro de sus mejores jugadores, entre ellos
el "inglés" Paulo César Wanchope y el "italiano" Gilberto
Martínez, pero ello no puede hacer bajar la guardia a los cubanos.
Los dos resultados ante
el Fluminense, 1-0 y 2-3, de los caribeños, (fuera como fuera su
alineación), pudieran estar creando sus preocupaciones entre los
favoritos centroamericanos.
(Y por cierto tuvo que
haber sido intolerable lo del arbitraje para la reacción de
abandonar el terreno adoptada por nuestro equipo, si se tiene en
cuenta la importancia de haber logrado esta gira por Brasil, el
jugar contra el Fluminense y el hecho histórico de compartir cancha
con Romario).
Entretanto, los
veteranos de nuestro fútbol están optimistas y esperan encontrar
un espacio en las gradas del Marrero, que serán pequeñas para ese
día. Los viejos jugadores del Campo Polar hablan también en estos
días de la trascendencia del deporte que practican hace décadas.
Que no tiene frontera, como se demostró días atrás.
Una expedición de
Veracruz (México) llegó con su elenco de veteranos, como
tradicionalmente lo han estado haciendo hace años, pero esta vez, a
cumplir el deseo de Reinaldo Blanco.
"Nando"
comenzó a jugar en los años cuarenta con el club Puentes Grandes,
equipo que nunca abandonó antes de su salida hacia México, a
principios de los cincuenta, donde se enroló en el Veracruz. Allí
formó familia, siempre conservó su ciudadanía mientras
consideraba también a México como su patria. Por varios años
concretó viajes de equipos de esa ciudad a La Habana, y traía
consigo donaciones de uniformes y balones para la Liga de Veteranos.
"Nando"
murió recientemente a los 81 años y su última voluntad fue que
sus cenizas se esparcieran en el campo de su barriada, que tantas
veces lo sintió jugar. La promesa fue cumplida. |