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África reasume en
Cuba sus ritos
Antonio
Paneque Brizuela
Ríos de origen que
confluyen en una cultura comunicante, Cuba y África cotejaron por
estos días sus tradiciones, costumbres, formas de hacer arte y
religiones —comprendidos otros reflejos caribeños como el vodú—,
durante una fiesta integradora en la que los artistas plásticos
pusieron el objeto sincrético; Los Papines, el tambor, el canto y
el carácter; el grupo Desandann, el acento coral; los estudiantes
africanos, una versión musical; las mujeres africanas. sus modas; y
todos, juntos, el mismo rito bailador que estremece de un siglo a
otro.
La IV Fiesta por África
puso fin el domingo a otro intento verificador de cómo marchan los
lados de un mismo proceso, matizado por el aprecio explícito —y
el asombro en los menos avisados— entre los representantes de la
veintena de embajadas representadas en La Habana, que apoyaron esta
edición, por la manera en que en Cuba se asumen las artes
africanas, especialmente la música y la danza.
Junto al público que
visitó EXPOCUBA durante esos tres días, cuyo pabellón cultural
fue una sede más entre los enclaves que muestran cómo marcha el
país, diplomáticos, familiares y alumnos africanos de distintas
carreras pudieron disfrutar sus propias cosechas organizativas,
especialmente el desfile de modas africanas que, acompañado por
temas musicales de origen puro, cautivó literalmente a los
espectadores.
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