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Otra bofetada de
Michael Moore
ROLANDO PÉREZ
BETANCOURT
El martes la televisión
cubana pasó imágenes en las que se apreciaba a un auditorio completo
puesto en pie en el Festival de Cannes y ovacionando largamente a un
sonriente Michael Moore, tras la premiere de su último filme, Farenheit
9/11. También se pudo ver al realizador al aire libre recibiendo
vítores de muchas personas, una de las cuales sostenía un cartel
donde se leía: "Michael Moore para presidente de los Estados Unidos."
Michael Moore en Cannes.
Cannes está considerado
el más glamoroso de todos los festivales internacionales de cine y a
él acuden rutilantes estrellas, siempre perseguidas por cientos de
fotógrafos y periodistas, prestos a hablar lo mismo de la calidad de
un filme, los nuevos romances que allí se evidencian, o los modistos
más representados en la piel de las luminarias. Una gama de intereses
que cubre lo mismo las temáticas serias que las frivolidades de que
se nutren las revistas del corazón. Este año, sin embargo, y a tono
con los tiempos que corren, Cannes le ha brindado un espectacular
respaldo a un artista que nada tiene que ver con el oropel y a un tema
que es difícil apartar de cualquier mesa.
Ya el día antes de la
premiere de Farenheit 9/11, al ser presentado el filme ante la
prensa y recibir un nada usual respaldo general, un periodista se
preguntaba en su despacho si el entusiasmo generado, los muchos
aplausos —descontando la calidad del filme— no respondían
también a que la inmensa mayoría de los profesionales allí
convocados compartían con Moore su aversión al presidente Bush y a
su política imperialista.
Tras ser visto Farenheit
9/11, los teclados no han vacilado en transmitir elogios. He aquí
una muestra: "Moore reventó el Festival con las dos horas de
documental-panfleto-reportaje contra `George de Arabia', al que
pulveriza con una mezcla irresistible de ironía, investigación, y un
inmenso y muy inteligente poder de comunicación".
Farenheit 9/11,
constituye una crítica a la decisión de Washington de ir a la guerra
de Iraq tras el 11 de septiembre del 2001. Como siempre, Moore no tuvo
pelos en la lengua y al hablar en Cannes acusó a la Casa Blanca de
intentar frenar la realización de su filme. "Farenheit 9/11
—dijo— es la temperatura en que se derriten la libertad y la
democracia". No son pocos los que coinciden en la gran fuerza de las
imágenes captadas en Iraq, entre las que aparecen niños asesinados
por los invasores. Y por supuesto que no falta un recurso estético
que en las manos del realizador se ha convertido en una verdad
inapelable, el contraste: Del hogar de una familia entristecida por la
pena de su hijo "muerto en combate", se salta a un salón donde varios
ejecutivos hablan de las inversiones que harán en Iraq. Y de las
palabras de Bush prometiendo venganza, se pasa a las revelaciones de
los negocios sostenidos por la familia del Presidente con la de Osama
bin Laden.
En la picota, de principio
a fin, Bush y su paseo de torpezas.
Cuando hace unos días la
Casa Disney se negó a distribuir Farenheit 9/11 alegó
zorrunamente que era para mantenerse imparcial con vistas a las elecciones
presidenciales de noviembre. Moore los acusó públicamente de boicot
y de contravenir un contrato. Pero ahora en Cannes, el ganador de un
Oscar por Bolos en Columbine, no tuvo reparos en coincidir de
cierta manera con ellos y en evidenciar sus intenciones de artista
hermanado con su tiempo histórico: "Es muy probable que, después de
verla, los norteamericanos sabrán por quien no deben votar en las
elecciones".
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