RÍO DE JANEIRO, 14 de mayo (PL).—
El presidente estadounidense George W. Bush, además de agradecer al
lobby de Florida por haber permitido su elección fraudulenta,
dispuso las últimas medidas anticubanas para desviar la atención
de las denuncias de torturas en Iraq.
El análisis lo hace el politólogo
brasileño Emir Sader en la Agencia Carta Maior, donde escribe que
cuando "las encuestas revelan, por primera vez, que la mayoría
de los norteamericanos cree que no deberían haberse metido en Iraq,
nada mejor que intentar desviar la atención para otro tema".
Y agrega que en este caso utiliza su
política contra Cuba, "chivo expiatorio histórico de Estados
Unidos, después de la desaparición de la URSS", lo cual
demuestra que, como las elecciones se acercan, "Bush está
preocupado en desviar la atención de la opinión pública, hoy
dirigida para los casos de tortura en Iraq".
Recuerda además que "la
política norteamericana en relación con Cuba siempre fue un tema
de política interna" y que de forma similar a como el lobby
judío influye sobre la política hacia Israel, el lobby de Florida
"actúa sobre las decisiones de la Casa Blanca en relación con
Cuba".
Remarca que "Bush nunca estará
suficientemente agradecido por los votos que le permitieron armar el
fraude que lo llevó a la Presidencia de la República" pese a
haber obtenido menos votos que su contrincante Al Gore.
Sader destaca que "las medidas
de endurecimiento del bloqueo a Cuba" expresan tal prepotencia
que recibieron un rechazo generalizado.