Estados Unidos se encuentra
polarizado entre un presidente sumido en una acentuada crisis de
popularidad y un candidato a desbancarlo que no acaba de convencer a
los electores, principalmente los indecisos, estiman hoy analistas.
El presidente George W. Bush recibe
continuas críticas que han puesto en duda su supuesto liderazgo en
la guerra contra el terrorismo, uno de los elementos que más
apreciaban los votantes en su campaña electoral.
Esa ventaja destacada durante su
campaña se esta diluyendo mientras se acercan las elecciones.
Las armas de exterminio masivo que no
aparecieron en Iraq, el creciente número de soldados muertos en la
agresión y ahora, el escándalo de las torturas de prisioneros en
la nación árabe, incrementa el sentimiento contra la guerra y
afecta a Bush.
Ya hay sectores estadounidenses
pidiendo el fin de la agresión, incluso el administrador
norteamericano en Bagdad, Paul Bremer, dejó entrever hoy una posible
salida de Iraq.
El autoproclamado "Presidente de
guerra" pudiera convertirse en noviembre en ex presidente, si
su rival demócrata logra llevar un mensaje más optimista a los
electores.
Hasta ahora, el demócrata John Kerry
no ha logrado aprovechar los desatinos de la Casa Blanca en función
de su aspiración a elegirse en noviembre.
Según las últimas encuestas, el
retador aún es superado por Bush en lo referido a los temas de
seguridad pero, si su mensaje llega a calar en la opinión pública
norteamericana como una alternativa, los republicanos se la verán
muy mal para mantenerse en el gobierno.
El escándalo de las torturas drena
continuamente el nivel de aprobación del jefe de gobierno, incluso
sus colegas de partido tratan de poner distancia de una política
rechazada interna y externamente.
A inicio de la campaña electoral un
alto número de personas apoyaba la gestión del ejecutivo en Iraq
en detrimento de su rival pero, ese margen ha disminuido
ostensiblemente.
Sobre la mansión ejecutiva hace
varios meses hay una gran nube gris que amenaza desencadenar una
tormenta que barrería con la actual administración.
Un sinnúmero de hechos acumulados
durante su mandato presidencial aparecen ahora para aumentar la
presión sobre la aspiración reeleccionista del jefe del gobierno.
Las investigaciones sobre la
actuación del ejecutivo el 11 de septiembre del 2001, las dudas
sobre falsas informaciones para justificar su política, las
imágenes de los ataúdes llegando de Iraq y ahora, las increíbles
fotos de las torturas a prisioneros, son llamas que parecen
consumirle la silla presidencial a Bush.
En una campaña que ha divido a los
estadounidenses, ambos candidatos centran sus esperanzas en que el
voto de los indecisos incline la balanza a su favor.
El empate que evidencian las
encuestas es un indicativo de que la puja está lejos aún de
decidirse, aunque Bush va en picada y su oponente demócrata
trabajosamente parece llegar a los electores.
En esto, lógicamente, influye la
campaña multimillonaria realizada por el oficialismo para dañar su
imagen principalmente en estados clave, donde el voto aún indeciso
puede inclinarse hacia cualquier bando.
Kerry sabe que las elecciones
presidenciales pueden ser decididas por los votantes hispanos en
estados como la Florida, Nuevo México, Arizona y Nevada, que se
incluyen entre la veintena donde se hace más virulenta la campaña.
Algunos analistas estiman que a pesar
de los problemas de Bush, aún es temprano para dar un favoritismo
anticipado, pues los electores indecisos deben inclinar su voto más
adelante.
Si la imagen de Kerry llega a
convencer y el estado del país empeora, fundamentalmente la
economía y el bolsillo de la población, Bush puede ir pensando en
escribir un best seller con sus memorias.
Contrario a lo que se pensaba, Iraq
es hoy la "piedra en el zapato" del mandatario, y el tema
parece que se mantendrá candente en los próximos meses.
La elección es dentro de seis meses
y los republicanos se acaban de gastar 70 millones de dólares
distorsionando la información y la imagen del retador.
El tiempo corre en contra de Bush, y
también contra Kerry, quien debe clarificar su mensaje para
demostrarle a los electores que es una mejor alternativa, incluso en
el área de seguridad.