Polarizado EE.UU. camino a los comicios de noviembre

LUIS BEATÓN

Estados Unidos se encuentra polarizado entre un presidente sumido en una acentuada crisis de popularidad y un candidato a desbancarlo que no acaba de convencer a los electores, principalmente los indecisos, estiman hoy analistas.

El presidente George W. Bush recibe continuas críticas que han puesto en duda su supuesto liderazgo en la guerra contra el terrorismo, uno de los elementos que más apreciaban los votantes en su campaña electoral.

Esa ventaja destacada durante su campaña se esta diluyendo mientras se acercan las elecciones.

Las armas de exterminio masivo que no aparecieron en Iraq, el creciente número de soldados muertos en la agresión y ahora, el escándalo de las torturas de prisioneros en la nación árabe, incrementa el sentimiento contra la guerra y afecta a Bush.

Ya hay sectores estadounidenses pidiendo el fin de la agresión, incluso el administrador norteamericano en Bagdad, Paul Bremer, dejó entrever hoy una posible salida de Iraq.

El autoproclamado "Presidente de guerra" pudiera convertirse en noviembre en ex presidente, si su rival demócrata logra llevar un mensaje más optimista a los electores.

Hasta ahora, el demócrata John Kerry no ha logrado aprovechar los desatinos de la Casa Blanca en función de su aspiración a elegirse en noviembre.

Según las últimas encuestas, el retador aún es superado por Bush en lo referido a los temas de seguridad pero, si su mensaje llega a calar en la opinión pública norteamericana como una alternativa, los republicanos se la verán muy mal para mantenerse en el gobierno.

El escándalo de las torturas drena continuamente el nivel de aprobación del jefe de gobierno, incluso sus colegas de partido tratan de poner distancia de una política rechazada interna y externamente.

A inicio de la campaña electoral un alto número de personas apoyaba la gestión del ejecutivo en Iraq en detrimento de su rival pero, ese margen ha disminuido ostensiblemente.

Sobre la mansión ejecutiva hace varios meses hay una gran nube gris que amenaza desencadenar una tormenta que barrería con la actual administración.

Un sinnúmero de hechos acumulados durante su mandato presidencial aparecen ahora para aumentar la presión sobre la aspiración reeleccionista del jefe del gobierno.

Las investigaciones sobre la actuación del ejecutivo el 11 de septiembre del 2001, las dudas sobre falsas informaciones para justificar su política, las imágenes de los ataúdes llegando de Iraq y ahora, las increíbles fotos de las torturas a prisioneros, son llamas que parecen consumirle la silla presidencial a Bush.

En una campaña que ha divido a los estadounidenses, ambos candidatos centran sus esperanzas en que el voto de los indecisos incline la balanza a su favor.

El empate que evidencian las encuestas es un indicativo de que la puja está lejos aún de decidirse, aunque Bush va en picada y su oponente demócrata trabajosamente parece llegar a los electores.

En esto, lógicamente, influye la campaña multimillonaria realizada por el oficialismo para dañar su imagen principalmente en estados clave, donde el voto aún indeciso puede inclinarse hacia cualquier bando.

Kerry sabe que las elecciones presidenciales pueden ser decididas por los votantes hispanos en estados como la Florida, Nuevo México, Arizona y Nevada, que se incluyen entre la veintena donde se hace más virulenta la campaña.

Algunos analistas estiman que a pesar de los problemas de Bush, aún es temprano para dar un favoritismo anticipado, pues los electores indecisos deben inclinar su voto más adelante.

Si la imagen de Kerry llega a convencer y el estado del país empeora, fundamentalmente la economía y el bolsillo de la población, Bush puede ir pensando en escribir un best seller con sus memorias.

Contrario a lo que se pensaba, Iraq es hoy la "piedra en el zapato" del mandatario, y el tema parece que se mantendrá candente en los próximos meses.

La elección es dentro de seis meses y los republicanos se acaban de gastar 70 millones de dólares distorsionando la información y la imagen del retador.

El tiempo corre en contra de Bush, y también contra Kerry, quien debe clarificar su mensaje para demostrarle a los electores que es una mejor alternativa, incluso en el área de seguridad.

 

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