El pasado en la Sierra Maestra

Con los bultos y la desesperanza a cuestas

PEDRO MORA

Muchas veces cuando los recuerdos afloran a su mente, Nena se ve en la necesidad de deslindarlos: de un lado sitúa los momentos felices, y del otro relega los tristes, condenados a disiparse con el tiempo.

Foto: AGUSTÍN SAMNena es sencillamente feliz.

Y no resulta fácil clasificarlos en conjunto. En sus 72 años vividos en la Sierra Maestra, esta enérgica mujer cubana atesora una voluminosa experiencia que emerge en ocasiones mezclando acontecimientos buenos y malos.

Ella, Iraís Pérez Mariño, prefiere emplear los acontecimientos desfavorables para enseñar a sus nietos y vecinos cómo fue el pasado, por ello aporta sabios consejos forjados desde sus días infantiles.

Nació en las vecinas montañas del actual Tercer Frente. Con incontables sacrificios sus padres la criaron a ella y a 15 hermanos "con el agua al cuello", situaciones inimaginables.

No ha olvidado la pena del desalojo. Después de que su padre logró con sudor y perseverancia la prosperidad del conuco, un mal día llegó un terrateniente de apellido Almarales y los echó de las tierras, sin la más mínima consideración por la suerte futura de los numerosos hijos.

La búsqueda de un espacio para la vida los condujo hasta el barrio serrano de Pozo Frío, con las pertenencias al hombro y el llanto constante de los más pequeños. Allí intentaron iniciar otro mundo y hasta la naturaleza los auxilió con el crecimiento impetuoso de las plantaciones de frutales y cafetos.

Pero cerca de la primera parición que materializaría sueños de pobres, nuevamente el geófago Almarales arribó con su gente y mató las esperanzas de la familia con el desahucio. La sangre se les iba de las venas a todos.

Sin embargo, nunca la voluntad los abandonó. Comenzó entonces el cruel deambular por las lomas, cruzando arroyos y ríos con los bultos y la desesperanza a cuestas. En Pinalito de Guisa, encontraron amigos, y entre picachos y frondosos árboles construyeron un bohío, y la forma de buscar el sustento para la prole.

Nena sabe mucho lo que significan el sacrificio, desamparo, discriminación, promesas de politiqueros en periodos de elecciones, atropellos, falta de escuelas y, sobre todo, de la carencia de médicos que acabó con la existencia de sus hermanos Ursina, Beda y Anicasio.

Para bien de todos, el Primero de Enero de 1959 acabaron las desigualdades y los abusos quedaron como pretéritos testimonios. De aquella misma serranía bajaron al llano los barbudos y sepultaron el rudo pasado.

A partir de esa fecha ocurrieron novedosos progresos. Así surgieron de la memoria de esta madre campesina recuerdos agradables: reforma agraria, alfabetización, apertura de escuelas, trabajos para todos, salas de televisión, consultorio y crecimiento de su familia constituida por nueve retoños y 6 nietos...

¿ Y sus hijos? La alienta verlos integrados a la obra, con empleos diversos. De ellos menciona jubilosa al operador de la planta eléctrica del barrio, la maestra de Manacal, el instructor de arte, el profesor de la Ciudad Escolar Camilo Cienfuegos, el ama de casa graduada, la técnica en construcción, y otros dos con oficios en la capital del país.

Nena es sencillamente dichosa. Del cúmulo de recuerdos que se agolpan en su cerebro, los instantes agradables sobresalen e inclinan la balanza para convertirla en una mujer sencillamente feliz.

 

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