WASHINGTON, 6 de mayo
(PL).— El secretario de Defensa
estadounidense, Donald Rumsfeld, es considerado hoy el cerebro del
sistema carcelario articulado por el Pentágono en ultramar, donde
imperan los asesinatos y las torturas.
En un duro editorial, el diario The
Washington Post responsabiliza a Rumsfeld, quien, de acuerdo con
analistas y al rumbo que ha tomado el debate, podría resultar el
principal chivo expiatorio del escándalo desatado por la
publicación de decenas de fotografías sobre los maltratos contra
reos iraquíes por las fuerzas estadounidenses.
A partir de las decisiones del
secretario de Defensa, se creó "un sistema (carcelario) de
ilegalidad, en el cual los prisioneros en Iraq y Afganistán fueron
humillados, golpeados, torturados y asesinados, y hasta ahora nadie
fue sancionado por ello", revela el Post.
Sostiene que "su Pentágono
estableció que no se debe sentir más vinculado a la Convención de
Ginebra, que los manuales del Ejército sobre los interrogatorios de
prisioneros no deben ser aplicados, y que muchos detenidos pueden
ser mantenidos aislados y sin un mecanismo independiente de
verificación".
Por su parte, un columnista del
diario The New York Times señala que no recuerda "una época
en que Estados Unidos y su presidente sean tan odiados en el mundo
como en la actualidad".
De acuerdo con el analista, la
administración de George W. Bush debe dar un viraje total a su
política en Iraq, y el primer paso debe ser "freír al
secretario de Defensa Donald Rumsfeld, hoy, no mañana ni el
próximo mes, hoy", reitera el articulista Thomas Friedman.
"Todo lo que sucedió en (la
prisión) Abu Gharaib fue, en el mejor de los casos, una ruptura en
la cadena de mando bajo la jefatura de Rumsfeld, y en el peor, parte
de una política deliberada" del Pentágono en los
interrogatorios a detenidos, recalca.
También en la página editorial del
Times, Maureen Dowd pidió a Bush "el licenciamiento del
secretario de Defensa, o en su lugar enseñarlo a leer más
rápido", en alusión directa al hecho de que el jefe del
Pentágono dijo no haber terminado de revisar el informe del general
Antonio Taguba sobre las torturas en Iraq.
Clasificado de "altamente
secreto", el documento destacó cómo esas prácticas eran
sistemáticas en la cárcel de Abu Gharaib, próxima a Bagdad, y en
el campamento de Bucca.
El texto citó casos de uniformados
estadounidenses que golpeaban y saltaban sobre los pies desnudos de
los reos, utilizaron perros sin bozal para aterrorizar a los
detenidos y los amenazaron con ser violados.
Taguba manifestó que las torturas
fueron cometidas por consejo de los servicios de inteligencia
militar, una postura que también sostuvo la general de la reserva
Janis Karpinski, una de las involucradas en esos maltratos.