Bajo el dramático titular
"Enorme alza del costo de la salud en el sur de la
Florida", la edición digital de "El Nuevo Herald",
de Miami, informó ayer miércoles sobre el alarmante incremento
monetario para acceder al vital servicio.
No obstante estar considerados desde
hace tiempo, entre los más altos del país, el costo de la
atención médica ha aumentado en proporción superior a la media
nacional.
Mientras, el ascenso a nivel de la
Unión experimentó un 13,4 por ciento, en ese Estado ha sido del
15,3.
Igual tendencia se observa en los
medicamentos. Los floridanos deben pagar un cuatro por ciento más
por los mismos productos que los pacientes de cualquier otro
territorio, según revela una encuesta de Aon Consultir.
Los encuestadores y la publicación
señalan las manifestaciones más evidentes de este fenómeno, pero
no profundizan en las causas reales. Se trata de la loca carrera
desatada por convertir, cada vez más, la medicina y la atención
médica en lucrativos negocios a expensas del bolsillo y la salud de
los enfermos.
El Herald menciona, entre otras,
algunas prácticas generalizadas. Veamos: "uso excesivo de los
salones de emergencias, gran cantidad de partos con cesárea,
fraudes flagrantes y galenos sin seguro ejerciendo la "medicina
defensiva."
Otro análisis realizado sobre el
mismo tema por Rand Healthy, firma especializada en esta rama,
refleja que el aumento de los costos no ha ido acompañado por un
servicio de mayor calidad.
Solo el 55 por ciento de la atención
preventiva se brinda de manera apropiada. El 59 por ciento de los
diabéticos y el 61 de los pacientes con dolencias cardiovasculares,
por ejemplo, recibieron el tratamiento indicado.
Bruce Shanefield, vicepresidente de
la oficina de Aon en Miami, señaló los problemas económicos de
los sectores de menores ingresos como la causa principal de la
drástica reducción de las investigaciones básicas, como la
mamografía y los exámenes de próstata.
El costo promedio anual para la
atención a un diabético del nivel primario alcanza los tres mil
500 dólares, para quien clasifique en la categoría II, puede
llegar a los 12 mil y para los del grupo VI, la cifra es de 75 mil,
como mínimo.
De las 12 ciudades norteamericanas
investigadas ninguna salió bien, pero las más afectadas fueron
Miami, Little Rock y Seattle.
Se trata de tristes realidades de una
sociedad con los mayores recursos financieros y tecnológicos del
planeta, pero lamentablemente dominada por la comercialización de
todo, donde la avidez por el dinero domina la existencia del hombre.
En esa virtual selva, movida por el
egoísta mandato de "Sálvese el que pueda", no es
difícil descubrir quiénes son los que llevan la peor parte.