|
Si hay que poner un muerto, seré yo
Hace 40 años fue
asesinado por bandas terroristas del Escambray, Alberto Delgado, El
hombre de Maisinicú
JUAN ANTONIO BORREGO
Ese es el administrador
de Maisinicú, parece que hay lío entre los alzados, fue la frase
que encontró Luis Felipe Denis, jefe de la Seguridad del Estado en
el Escambray, para disimular la rabia y el dolor que sintió al
identificar el cuerpo sin vida de Alberto Delgado, colgado de un
árbol, prácticamente en la periferia de Trinidad.
Alberto junto a Tomasa, su compañera en la vida y en la riesgosa misión.
Yo presentí que algo
malo le había pasado —reveló Denis en 1985, poco antes de su
muerte —, salimos a buscarlo y cuando pasamos el puente sobre el
río Guaurabo, por el Circuito Sur, un muchacho nos dijo que en una
mata había un hombre muerto. Nos aproximamos al borde del camino,
llegamos hasta el árbol y ahí estaba colgado, en calzoncillos. Un
hilo de sangre le goteaba por la punta del pie.
El reducido grupo de la
Seguridad del Estado que conocía la verdadera identidad de Alberto,
no tuvo otra opción que tragarse el secreto y dar las espaldas al
supuesto contrarrevolucionario. A la luz pública el episodio era
resultado de una reyerta entre bandidos. Corrían los días finales
de abril de 1964. (*)
TOMASA HABLA DE
ALBERTO
Aunque hace muchos años
que el actor Sergio Corrieri, protagonista principal del héroe
anónimo, le regaló una copia de la película, Tomasa del Pino
Suárez, la esposa y compañera de misión de Alberto, nunca ha
querido sentarse a mirar el filme El hombre de Maisinicú.
"Conmigo
era extraordinariamente amoroso, muy respetuoso, me consideraba
mucho, a pesar de que era casi analfabeto. Alberto fue el hombre
más dulce que he conocido, romántico y muy fino. Figúrate que el
Día de los Enamorados, cuando no tenía nada para regalarme,
buscaba unos bejucos de campanilla, me hacía un collarcito y me lo
entregaba", contó ella en una extensa entrevista publicada en el
sitio web Bandidismo en Las Villas.
"Él
tenía gran confianza en mí como compañera y como revolucionaria,
sabía que estaba dispuesta a todo y podía confiar. El mismo riesgo
que él corría, lo corríamos el niño y yo.
"Me
mantenía en La Habana como contacto entre los
contrarrevolucionarios de allá y los de aquí —se refiere al
Escambray y a la capital—, les llevaba medicinas, azúcar, ropa,
zapatos y esas cosas. Después que `sacaron' a Maro Borges, voy para
Maisinicú, hacía almuerzo y comida para los bandidos.
"Recuerdo
que pasamos juntos un 31 de diciembre y ellos estaban contentos
porque se iban para Miami, daban vivas a Batista, viva esto y viva
lo otro. Entonces Alberto y yo, cuando nos pudimos mirar, nos
agarramos las manos y él me dijo: Patria o Muerte, y yo le
respondí: Venceremos."
ALBERTO SE CONVIERTE
EN EL ENANO
Tras el triunfo de la
Revolución, Alberto, que se había vinculado al Movimiento 26 de
Julio desde antes y participó como soldado rebelde en la toma de
Florencia, se dirige hacia La Habana, donde se relaciona con algunos
parientes de marcada postura contrarrevolucionaria.
Es así como de manera
voluntaria traba contactos con el Ministerio del Interior, comienza
a adoptar una fachada de desafecto al proceso revolucionario, es
designado administrador de Maisinicú, donde actúa bajo la
apariencia de un resentido miembro del Ejército Rebelde que, una
vez licenciado, esperaba otra recompensa y tuvo que conformarse con
lo que consideraba tan modesto empleo.
El enano, como lo
bautizara la Seguridad, no tarda en hacer notar "sus facilidades
para sacar gente del país" y es contactado enseguida en Sancti
Spíritus por Benilde Díaz, madre del bandido Tomás San Gil,
muerto ya en combate, para que intercediera por una hija suya que
estaba "quemada" y por otro hijastro que resultó ser el jefe de
bandidos Maro Borges.
De esta forma surgió la
idea de la Operación Trasbordo, en virtud de la cual, sin tirar un
tiro, son apresados, primero Maro y sus hombres, y poco después la
banda de Luis Emilio Carretero, encabezada por su jefe, a la vez
máxima autoridad del autotitulado Ejército de Liberación Nacional
del Escambray, y asesino del alfabetizador Manuel Ascunce, el
campesino Pedro Lantigua, la familia Romero y otros vecinos de la
zona.
Después de realizada
con todo éxito la Operación Trasbordo, la Seguridad le plantea a
Alberto que podía correr peligro, pero él insiste en seguir su
trabajo, argumentando que este modo de operar era menos costoso en
vidas humanas.
Descubierta su identidad
por los elementos contrarrevolucionarios, bandidos al mando de
Cheíto León y Rubén Cordobés van por él la noche del 28 de
abril de 1964 y como fieras terminan con su vida. Alberto había
justificado varias veces su proceder: "Puedo hacerlo solo y sin
tiros —decía—, y si hay que poner un muerto, seré yo".
(*) El 29 de abril de
1967 son exhumados los restos de Alberto Delgado, y en sencilla
ceremonia se realiza su ascenso póstumo al grado de Teniente.
Tiempo después comienza a filmarse El hombre de Maisinicú y se
revela totalmente la identidad del combatiente. |